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Beber cervezas o tomar fentanilo

Juntas con cervezas.

El sábado Jean Claude, un buen amigo nuestro trabajaba en la tienda de bicis y motos hasta las diecinueve horas. El verano era suficiente todavía para dar una vuelta con nuestras motos antes de la noche. Nunca faltaron las curvas en este país. Luego siempre íbamos al café/bar. » La Viennoise» de Payerne, una pequeña ciudad de cinco mil habitantes de Suiza hablandofrancés, donde él vivía. Aquí, el que no tomaba algo era un rarito. La cerveza, el vino blanco era la norma. El tinto con el bocadillo o el menú del día. Hasta el cierre un poco más allá de la media noche, los días de mucha marcha, la Policía venía a ayudar a la dueña para cerrar. Eran horas de conversaciones. Tertulias de la actualidad, la próxima expedición. La rubia de la esquina, la juventud a pleno gas. Los años setenta con música rock y tragamonedas. La junta de los amigos puede variar, pero nunca menos de tres, cuatro. Los viernes siempre están animados, al igual que los sábados, el día de abundancia, había que juntar mesas. Nosotros en la práctica no tomamos alcohol con las motos. Era nuestra norma. No era la verdad del todo. El café/bar la Viennoise era la excepción después de un viaje largo o una vuelta en la región.  Pensábamos quizás que de noche no se iba a ver. Era uno de estos días exagerados que necesitan ir a los servicios muy seguido. Una época de profundos cambios, pero se replicaban todavía los patrones de la sociedad de nuestros padres. La diferencia teníamos los adelantos del desarrollo con coches y motos. Un tema letal en aquellos tiempos. El mundo a nuestro alcance. Muchas expectativas.

Vuelta a casa.

Jean Claude vivía a un buen kilómetro del bar. Tenía lo suficiente y decidimos que era mucho mejor andar a pie. El quería su moto más que la cerveza. Quería irse a dormir con ella. Bueno, lo convencimos finalmente de que yo iba a llevarla a su casa. Nuestro otro amigo Jan, le ayudo para una vuelta escoltada cada uno apoyándose el uno al otro. A mí me tocaba lo más duro. Llevar su moto empujándola con las llaves en las manos. Una flamante Moto Guzzi 750cc Le Mans. Una exquisitez de ese tiempo.  Cuando llegué a su casa, todos estaban durmiendo. Estaba muy cansado.

Me tocaba volver al bar ahora cerrado. Luego con mi moto, una Yamaha XS 650 cc de dos cilindros, vuelvo a la casa de mis padres que se encuentra a unos quince kilómetros. Un pequeño pueblito de doscientos habitantes. Es que éramos unos moteros de casta. Viajes largos, grandes premios del mundo, el Continental Circus que se llama hoy Moto GP. Francia, Italia, Holanda, Inglaterra, Austria, Bélgica, ir al trabajo, cuarenta miles de kilómetros al año. Intensivo. Moteros ya experimentados con nuestros veinte y tres años.

Consciente y prudente no superaba los sesenta por hora, era muy sospechoso en la carretera despejada. Pero con el silencio de la alta noche, no invitaba a los curiosos.

Al día siguiente.

Jean Claude me llama por teléfono, el fijo de mi casa. Algo grave había pasado. Nosotros nos comunicamos cara a cara, con lugares de encuentro. El reloj suizo con sus quince minutos de gracia.

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Todo me vino a la memoria. La Moto Guzzi era muy bella hasta ayer por la noche. Luego empujándola, estos trastos de más de doscientos kilos eran mucho para mí. No sé exactamente, pero nos caímos un par de veces por los dos lados. Lo insólito de la cuestión, es que solo se veían los daños, el motivo insistente de la llamada. Nadie se preguntó cómo era posible levantar ese peso una y otra vez. La voluntad estúpida de llevar su moto sí o sí. El deber es muchas veces una acción sin sentido. No aporta soluciones definitivas. No tiene garantías de éxito. Incluso puede dañar patrimonios.

Lo arreglamos con más cervezas las semanas siguientes a mi cuenta. Eso sí, sin las motos.

Los accidentes de carreteras.

En aquel tiempo, se moría a partes iguales los de las cervezas y los de las drogas. Con sus coches o motos muchos accidentes de tráfico dramáticos. La juventud anulada de golpe. Títulos negros para la prensa. Los otros, no menos por sobredosis. Cannabis, LSD, cocaína, heroína. Una salida más silenciosa, discreta, vergonzosa. Una mancha sobre las familias. El resultado no cambiaba. Era una era de muchos excesos. Había dos mundos bien separados. El movimiento hippie, bares de moda, música, discotecas, alcohol y drogas. Bares con mucha marcha con las drogas. Los otros, claramente fuera de las drogas no se mezclaban. La mayoría no se conocían ya que frecuentaban bares distintos. Lo único que era común es el humo de los cigarrillos que en aquel tiempo se consumía mucho y las cervezas, vinos. Los alcoholes fuertes no eran lo más corriente salvo en fines de semana en la casa de uno, con agua ardiente en los cafés, el último antes de marcharse de la casa del amigo. Los del campo siempre tienen agua ardiente por aliviar los animales con problemas de salud antes de llamar al veterinario. La cantidad está siempre disponible. Todos teníamos exceso de alcohol manejando coches o motos, los fines de semana especialmente. Las reglas de policía empezaron a poner un poco de orden. El 0,8 era el límite. Muchos controles nocturnos y multas que dolían, frenaron progresivamente los comportamientos etílicos. No hubo un claro ganador. Disminuyó los accidentes de tráfico pero aumento los de las drogas. Como no se veía, no se comentaba. Es como que uno vale más que el otro. Cuantos jóvenes anónimos se despidieron sin dejar rastros. Un tiempo oscuro para nosotros. Todos hemos perdido amigos y conocidos en ambas ligas. Que desperdicio. El recuerdo de maravillosos momentos de esta época no debe hacernos olvidar las sonrisas de muy buenos amigos hoy perdidos para siempre.

¿Ahora qué?

Algo ha cambiado……claro que sí. Ya no se mueren tantos en las carreteras. El 0,0 es el más común. Algunos con las motos todavía por exceso de velocidad. Las drogas cada vez más pero no se sabe nada. Hay un nuevo problema muy gordo, la salud mental. Los suicidios ya son más que todos los fallecidos con los accidentes de tráfico. Una barbaridad. Pero te cazan por pasar los 30km por hora en las ciudades con multas de millonarios. Adivina si es por recaudación o por nuestra seguridad… Se equivocan de objetivo. No hacen nada por los desesperados, ni tampoco buscan las razones. Un silencio aterrador. Es tan escondido que da vergüenza. Amenazan ahora las drogas sintéticas como el Ventanilo. Por internet se consigue. Las cosas pasan en casa, en lugares privados, en el mundo digital. Todo es más sutil, tecnológico y dramático, sobre todo es mucho más letal. La escala superior. El malestar a su apogeo.

La cerveza ya es anticuada. Parecen juguetes para niños. Está en todas la neveras y anestesia al pueblo para no ver lo peor. Tampoco se entera ahora de su propia condición. Además, por esas casualidades controladas, es casi gratuito. La verdad es que avanzamos muy poco con las desgracias de la juventud. Pasan los años con mutaciones, pero con resultados idénticos, muy malos. Aquí no se habla de graduaciones. Medio siglo o cincuenta años han pasado. Es insólito que seguimos tan lentos para cambiar lo evidente.

Los números son muy fríos.

Cada vez más, somos tratados como un producto. Un porcentaje es considerado como defectuoso. Se elimina de la cadena de suministro.

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El rendimiento económico prima sobre el entendimiento racional humano.

La banda de Gaza en Palestina tiene 2.3 millones de habitantes. Los israelíes mataron a unas 20000 personas civiles. Una barbarie, intolerable según otros. Hay que parar, no es moral. Muchas voces con un «sentimiento», todavía como un patrimonio que hay que conservar. Valores que cada día desaparecen por un modelo mucho más tecnocrático. A la vista, es el que manda ahora. Se calculan las perdidas como un registro contable. Los muertos de Gaza representan el 1% de la población. Un porcentaje muy aceptable, está admitido en términos económicos e industriales en todas las partes del mundo como fallos que no pasan el control de calidad. No tienen la misma forma de pensar. Para ellos la escala de valores depende del producto. Si vale poco pueden aumentar los desechos. Lo hicieron también con la destrucción de los edificios e infraestructuras que se estiman a un 40% por el momento.

Una evidencia de que las derivas de nuestra salud mental no interesan a las autoridades puesto que entran en los cálculos como simples defectos de control de calidad. No hay que preocuparse mientras se queda en las estadísticas como «aceptable».

Que el humanismo no se rinda, los números no deben ganar la partida. Ya basta, hemos visto suficiente.

Felices fiestas.

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Jean Pierre
Jean Pierre
A Jean Pierre Maire siempre le persiguió la curiosidad. El deseo de conocer el mundo desde la temprana edad. Le apasionaban los mapas, se forjó entonces un verdadero camino hacia la singularidad, la independencia y la libertad. Tratando de influenciar sus decisiones para satisfacer sus necesidades. Es de esos que creen que el destino se puede forjar. Seguir la mayoría nunca fue su objetivo.Tuvo que surfear sobre la ola, caerse en el agua de vez en cuando. Aceptar los modales de la sociedad done vivia cada vez más decadente moralmente y tambien corrompida. Meter sus manos profesionales en el sistema con una doble agenda. He sido un cobarde egoísta de no levantarme contra tantas injusticias. Astuto en aprovechar las oportunidades, creciendo en las heraquias, buscando el mejor rendimiento económico con mi trabajo. Pudimos en familia vivir experiencias extraordinarias con condiciones privilegiadas. Quedan ahora estas vibraciones, estas maravillosas sensaciones de que queda más por ver, entender, que nada está terminado. Ahora jubilado, primero no deja entrar a este viejo en su casa como justamente lo dice el actor Clint Eastwood. La experiencia es un grado. La andadura es un regalo. Tuvo suerte, trabajando en varios continentes con puestos de  gerencia general en el sector industrial. Multinacionales suizas, suecas, canadiense. Autónomo unos años en Madrid. Un amante de la vida, de la familia, los deportes, la naturaleza.Subiendo montes y altas montañas, andar en la bici de carretera, maratónes. Motociclista apasionado desde siempre. El "yo" egoísta es visible en el camino. No es una forma extravertida como aparentar con aires superiores. Son estas cosas que me llenan, me divierten, me emocionan. Cosas solitarias. Me gusta aprender siempre cosas nuevas. Jean Pierre Maire, nació en Suiza el 18/12/1954. Vivo en Torrente desde 2017.

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