UNA COMUNIDAD SINGULAR

UNA COMUNIDAD SINGULAR

UNA COMUNIDAD SINGULAR

Si de algo nos sirve este momento tan atípico, es para poner al límite a las personas; y así, conocer su comportamiento íntegro.

Como todos sabemos, este año 2020 ha venido cargado de extraños acontecimientos de diversa condición. El más destacable ha sido provocado por un ser minúsculo, el famoso Covid-19, que ha modificado la vida de prácticamente todas las personas del mundo.

En medio del orden personal y global, el cauce de la vida cotidiana se detiene traspasándose al hogar. Aquellas calles sumergidas en una explosión de colores y sonidos, se convierten en homogeneidad y armonía; inoloras e insonoras, un silencio eterno. En consecuencia, los hogares se envuelven en alegría, vitalidad, incertidumbre, cooperación, esperanza, productividad, inquietud, etc. Asimismo, se convierten en festivales, gimnasios, salas de estudio, cocinas profesionales, bibliotecas, aulas de informática y los balcones son la réplica de la calle en tamaño mini.

Mientras tanto, el maldito ser minúsculo va haciendo su camino; aumenta y disminuye, avanza y retrocede, muere pero revive. Todo esto, a contracorriente de miles de personas enfrentándose a él.
Paralelamente, oficios que estaban minusvalorados pasan a ser imprescindibles, actividades impensables son imperiosas, personas olvidadas se convierten en nuestros mayores aliados, aspectos arrinconados son retornados. Es decir, todo recobra vida como los muñecos de Toy Story.

En medio de este barullo, aparece el término “solidaridad”. Como bien dijo George Orwel: “Lo importante no es mantenerse vivo, sino mantenerse humano”. Así es, durante este periodo tan amargo nos hemos basado en la unión de la sociedad para salir a flote ante la epidemia. Cuando miraba por la ventana, veía a jóvenes haciendo la compra a personas mayores, jóvenes paseando animales de aquellos que no podían hacerlo, personas adultas aconsejando a los más vulnerables que no salieran de casa, etc. Pero algo que bien representa la solidaridad son los aplausos convocados a las 20:00 horas
cada día durante los meses de confinamiento; este gesto sí que ejemplifica la frase citada anteriormente de Orwel.

Como estudiante de sociología que soy, he tenido que hacer varias observaciones y análisis de la situación durante el confinamiento; y de todo ello destaco la capacidad de adaptación de la sociedad, la entrega de cada persona, la conciencia en cuanto a la repercusión económica que esto iba a conllevar y los diversos estados de ánimo por los que una persona podía pasar en 24 horas. En relación a la capacidad de adaptación social, me refiero a la forma en la que hemos traspasado la vida exterior a la vida interior. Asimismo, cómo hemos adoptado llevar mascarilla sin ninguna revuelta social ni oposición por el estilo. Este aspecto va muy ligado con la entrega social ya que al adaptarnos bien, hemos sido plenamente conscientes de lo que se debía hacer y lo que no. Por otra parte, cada individuo viajaba por diversos estados anímicos en menos de 24 horas debido al encierro permanente; en frío, uno piensa que no es para tanto, pero cuando lleva dos meses metido en casa, empieza a perder la noción de todo. En este momento entra en juego la psicología.

Cuando hablamos de una pandemia mundial, lo último que pensamos es el papel de la sociología; permítanme decirles que es fundamental. De manera global, esta disciplina se encarga de analizar el comportamiento de la sociedad y sus factores. En lo que respecta a este momento histórico provocado por un ser minúsculo, la sociología da visibilidad a aquello que estaba oculto, como son las desigualdades salariales, el cuidado de personas dependientes, la importancia de las tecnologías en nuestro día a día, la importancia de relacionarnos unos con otros, etc.

Una vertiente de esta disciplina, es la sociología de las interacciones cotidianas; siendo estas todas acciones socialmente establecidas que se realizan habitualmente para expresar y ocultar ciertos significados. Se pueden exteriorizar mediante palabras, gestos faciales o corporales. Dentro de este campo, encontramos la microsociología de los saludos; es ahí donde, comparando con otras culturas, nos damos cuenta de que solamente en la nuestra el saludo implica contacto (dando la mano, dando dos besos,
abrazando…).

¿Deberíamos cambiar estos hábitos? ¿Se podrían adoptar otros procedimientos de saludo o sería prácticamente imposible? ¿Nos ahorraríamos el contagio de ciertas enfermedades cambiando eso? Son preguntas sin respuesta, porque hasta que no se ponga en funcionamiento no sabremos cómo afectaría en nuestra sociedad. Lo que sí sabemos, gracias a la Antropología Social, es que en el resto de culturas no se tiene ningún tipo de contacto con la otra persona cuando se trata de una interacción cotidiana, y el porcentaje de contagio de enfermedades es menor que en la nuestra.

Como bien sabemos, la familia es una referencia básica a lo largo de nuestra vida que tiene asignadas ciertas funciones. La sociología de la familia estudia el comportamiento de los miembros que la componen, aspecto que ha cambiado en consecuencia a esta crisis sanitaria. Antes los abuelos y/o abuelas cuidaban a sus nietos; pero, ¿a raíz de esta situación sigue siendo así? Obviamente no, hemos tenido que transformar esos roles y asignarlos a personas que no sean de riesgo; por ejemplo, los abuelos ahora están aislados y quien se encarga de cuidar a esos niños que sus padres no pueden, son los tíos, primos, amigos de los padres, hermanos, etc. Por tanto, se ha visto un cambio bastante notable en los roles familiares.

Otro aspecto que me gustaría destacar, es el respiro que le hemos dado a nuestro planeta. Me explico, el nivel de contaminación ha disminuido notablemente, el mar casi no ha notado basura en estos dos meses, las calles se veían más nítidas, no había contaminación acústica, desde el balcón de mi casa se veía la Isla de Tabarca (que nunca se había visto), etc. Básicamente, el planeta nos agradeció esas vacaciones que estaba teniendo; no fueron muy largas, sólo duraron dos meses, pero algo es algo. Os dejo una reflexión, a base de ellas la sociedad se va concienciando más de todo aquello que nos rodea: ¿os habéis fijado que cuando le va mal a la economía le va bien al medioambiente?
A mi parecer, hemos y estamos viviendo tiempos históricos difíciles, pero nos hemos sabido adaptar bastante bien.

Quizá podríamos hacer mucho más para que esto acabara pronto, pero como humanos que somos, tenemos ciertos
aspectos egoístas que nos impiden mirar por el bien común. ¡Maldito virus, la que has liado!

  • Articulo de Opinión Por: Irene Lucas Martínez.

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