Un Mar que Gime, el Mar del Mundo de Jesús Antonio Fernández Olmedo

Un Mar que Gime, el Mar del Mundo de Jesús Antonio Fernández Olmedo

Un Mar que Gime, el Mar del Mundo de Jesús Antonio Fernández Olmedo

Terco e invisible a veces va explotando contra la arena, sin pena, una y otra vez, con sus rizos brillantes
de fuerza cálida y alma fría, todos estamos dentro de este mar, enérgico, ahora con fuerza imprevisible,
otrora de calma sosegada. Sonido marítimo que se esparce por los ganglios en sin fin de golpes de aviso
sobre la vida, su importancia, llora su alma, lagrimas gimiendo con las alas recortadas, un mudo lenguaje
de señales, enfurecido a veces por una mayoría pasiva en donde comienza a sangrar arena. Desde Bounty
Beach hasta Playa Calada sus espumas replican las caracolas, sus nunca iguales olas, cambiantes
infinitas, nos avisan de que eso, el cambio, es la vida. Todavía el oído no está presto a ellas. Arenas que
perdonan todo bajo el azul lucero, toleran el futuro milagro. Rayo de luna pintado de blue en silencio
frente a la fuerza hermética de las montañas de Madrid. Dinámico frente a los pescadores antiguos de
piernas dobladas, en extremo delgados, que fueron respetuosos con su equilibrio de dioses en las
marejadas. Te llevo conmigo, la vida no tiene razón, ni sentido sin respirar tu fragancia, en tu caída de
estrellas, protector, alrededor de mí, que fue de ti, tus ilimitadas curvas, siempre lanzando consejos al viandante o visitante.
 La chica va a verte todas las noches para contemplarte en su alma, para pensar más allá de sí.
Los yates ya están hundidos en tus aguas y no volverán más. El oro cayo en tu profundidad y lo volviste
piedras y conchas, sembraste algas con esos errores y fracasos. El mar, la mar, donde estamos todos que
se adentra en nuestras entrañas y nos revuelve con sus marañas. Cuando en silencio por fin te bese, nació
una nueva cordillera, con la lluvia que llegó nos diste un nuevo susto. El mar nos invita a amar con
profundidad. Mar generoso como madre incondicional, nos ama con el alimento de su profundidad.
Disponemos una fortuna que no sabemos apreciar. El mar tiene un universo interior que nos negamos a buscar. Como generoso que es un día un susto nos dará poniendo nuestros corazones a despertar en donde un nuevo humano se pueda volver a encontrar.
  • Articulo por: Jesús Antonio Fernández Olmedo

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