yolanda cabezuelo arenas nos cuenta esta historia
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Tras nueve años de espera los padres de Marta del Castillo siguen sin poder enterrar a su hija
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Articulo escrito por: Yolanda Cabezuelo Arenas

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Aparecía con su moto de 49 en otras zonas de la Macarena más retiradas de León XIII. Se hacía el chulito, con sus piercings y su pinta de macarrilla; “más de una vez abusamos de él”, entendiendo por abusar que le dieron más de un sopapo; “y le quitábamos los porros”.

“Era un tapón”, muy bajito; y “ancho tirando a gordo en aquella época”.

El chico con el que hablo conocía a Miguel Carcaño hace una década, pero no eran amigos. Carcaño, Samuel y el Cuco “Eran mala gente, pero a pesar de todo Carcaño era el mejor; el menos malo. Tú pregunta por el barrio: ninguno tenía una hostia”.

La conversación con este chico aclara algunos puntos de mi curiosidad sobre un punto del caso Marta del Castillo que no he podido comprender nunca: cómo le pudo gustar un chico de esas características. “Es la época del chuleo. A las niñas les gustan los tíos  así. Él se las daba de chulo,  y era mayor y todo eso”.

La típica atracción adolescente por el macho Alfa, sólo que en este caso ni siquiera llegaba a macho Alfa: no era más que un niño con muchos problemas que quería aparentar ser algo que no era.

Teniendo en cuenta la probidad que sin duda tiene la familia del Castillo-Casanueva, sigue siendo difícil de entender que una chica como Marta perdiera la cabeza por un chusmilla como éste.

Esta reflexión nos lleva a la siguiente pregunta: La noche de autos, ¿Qué hacía Marta allí? Si la relación entre ellos había terminado, y Carcaño ya andaba con la chica gitana,  ¿qué hacía Marta en el piso de León XIII?.

Lo que ocurrió aquélla noche en el piso ha sido analizado incontables veces; la familia descarta la versión de la violación, y la tiene por otra de las muchas artimañas legales que viene usando Carcaño para no alargar su condena; pero si no hubo delito sexual, ni intención de cometerlo, ¿por qué la mataron? ¿Es posible que hubiera ido al encuentro de Carcaño para convencerle de retomar la relación, y que éste en un momento de furia incomprensible la hubiese golpeado sin intención de matarla, con tan terrible resultado?

Uno de los puntos que más asombro produce en el caso es la capacidad de unos adolescentes, sin apenas preparación ni cultura, de reunir la sangre fría necesaria para hacer desaparecer el cadáver de Marta del Castillo; la misma sangre fría y el mismo cinismo que demostraron después cuando jugaban a buscar a Marta. Aquí recordamos todos la cara de Samuel; “Marta, vuelve” -sabiendo perfectamente que no iba a volver-, y encaja la  descripción que de ellos hacen quienes les habían tratado más de colegueo:  “Eran gentuza”.

Los acontecimientos que siguieron a la detención de Miguel Carcaño han venido determinados por ese cinismo y esa sangre fría.

Nueve años dando versiones distintas; nueve años de búsqueda incansable por cada uno de los lugares que Carcaño ha señalado para encontrar el cuerpo de Marta.

Antonio del Castillo habla de esta tortura en una carta que dirige a su hija en Facebook el día 19 de noviembre: “hoy después de 9 años seguimos con el vacío de no saber dónde está tu cuerpo y ver cómo disfrutan de libertad tus verdugos”.

Este padre continúa con la legítima lucha para conseguir un nuevo juicio, junto a los padres de Diana Quer, Sandra Palo y Mariluz Cortés, con tres millones de firmas de apoyo; sin perder la esperanza de encontrar algún día el cuerpo de su hija y tener un rincón donde llorarla a pesar del modo bochornoso con que la Izquierda les ha cerrado las puertas de la justicia.

Mientras Carcaño disfruta al fin del protagonismo que no fue capaz de conseguir entre las pandillas de la Macarena; hasta club de fans tiene -que ya es el colmo de los sinsentidos-; pero mal que le pese pasará a la Historia de nuestra crónica negra como ejemplo claro de que la sociedad produce monstruos que no debieran haber nacido.

1 Comentario

  1. Yolanda Cabezuelo Arenas es una escritora con un estilo natural, aparentemente fácil por la claridad con que transmite las ideas, pero con una profundidad de análisis y una riqueza de matices que convierten siempre todos sus artículos en un cuadro humano vivo y real.

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