REFUGIADOS O INMIGRANTES ILEGALES

REFUGIADOS O INMIGRANTES ILEGALES

Nuestro gobierno ha cambiado la legislación para acoger a las personas refugiadas en los Centros de Atención a Inmigrantes o Centros de Acogida a Refugiados, donde se presupone tienen una atención personalizada, para el estudio de su petición de asilo.

 

La modificación de la ley, aprobada en el Consejo de Ministros, consiste en cambiar la redacción del Real decreto 4441/2007, que regula las subvenciones a entidades y organizaciones que realizan actuaciones de atención humanitaria a inmigrantes contratadas por la administración para la protección de los refugiados.

 

Y esto ¿por qué y para qué?

 

El pasado año pidieron asilo en España unos 52.750 inmigrantes, principalmente venían de Venezuela, Colombia, Siria y de distintos países del continente africano.

 

En 2019, llevamos más de 57.000 solicitudes de asilo, colapsando el sistema administrativo y operativo por falta de personal e instalaciones adecuadas para tal fin. El principal obstáculo, radica en los inmigrantes que llegan de manera irregular, los cuales amparándose en el desconocimiento del idioma, no saben o no quieren decir nombre, edad o procedencia, por temor a ser deportados. Por lo tanto no sabemos, quienes son, que quieren, de dónde vienen ni a donde van.

 

Una vez identificados, el protocolo es el siguiente:

 

  • Entrega de tarjeta roja como demanda de asilo.
  • Permiso de residencia de seis meses para que pueda buscar trabajo, vivienda y demostrar su situación de solicitud de asilo.
  • Una vez que se comprueba que es verdadera su historia, ya se le tramita permiso para poder trabajar y establecerse en España como refugiado, lo cual implica que no puede volver a su país pasados unos años o cambie, en este, la situación por la cual tuvo que emigrar.

 

Sin embargo la realidad es que estas personas deben esperar meses para poder tener una cita en la que se revise su solicitud de protección internacional y en ese periodo de tiempo, nadie se ocupa de ellos, por lo que se ven abocados a vivir en la calle.

Más grave es la situación cuando los que viven en las calles son menores no acompañados (MENAs) o mayores de 18 años que han dejado de estar tutelados por el gobierno y se les deja literalmente en las calles.

 

¡Son personas! ¡Son seres humanos!, Que en primer lugar son utilizados (por otros seres humanos), como mera mercancía, que no ven en ellos más que unidades por lo que cobran un tanto por ciento por un viaje sin garantías de éxito.

 

En segundo lugar, los partidos llamados “progres”utilizan a estos seres humanos como moneda política, este “buenismo”inútil, sirve única y principalmente para hacerse la “foto” que utilizarán cara a la sociedad  y olvidando después, a estas personas, en centros sobrepasados en aforo, imposibilitando la correcta atención, mientras se regulariza su situación.

 

Si alzas la Voz, para decir estas verdades  sin miedo, sobre la incompetencia de un sistema que funciona al límite de su capacidad y que debe ofrecer protección no solo a los beneficiarios de asilo o refugio (reales), sino también a los españoles que han demostrado, siempre, ser excelentes solidarios con los más necesitados, te llaman: xenófobo o racista.

 

Ante esta triste realidad, seguiré denunciando claramente el tráfico de personas y las causas derivadas, de esta situación de desamparo, en que quedan estos inmigrantes, y el daño que pueden originar alguno de ellos en la sociedad civil española, no me importa que me llamen lo que quieran, por creer en el ser humano, porque no quiero que pierdan su dignidad, en busca de un “dorado” que no existe y por querer que se respeten sus derechos y libertades en su nación, como quiero que se respeten y se cumplan en la mía.

 

No señores“progres” no es que España no quiera a los inmigrantes, es que su nefasta política de inmigración crea desigualdades sociales, dentro y fuera de nuestras fronteras, vulnerando los derechos humanos al no proteger a estas personas en su país de origen y dejando caer sobre nuestras conciencias la pérdida de vidas humanas, a las que ninguno de nosotros, anima a llegar a nuestro país en  semejantes circunstancias.

 

La solución no está, únicamente, en acoger al necesitado, sino en saber, conocer e interpretar realmente su necesidad, para que los recursos destinados a ello, (millones de euros en subvenciones) les lleguen de una manera efectiva a su lugar de origen, evitando la penosa travesía y el desarraigo en una sociedad que no es la suya.

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