REFLEXIÓN SOBRE UN LAZO AMARILLO Y UNA BANDERA

REFLEXIÓN SOBRE UN LAZO AMARILLO Y UNA BANDERA

Momento en que Joan Leandro Ventura agrede a la señora que portaba la bandera

Momento en que Joan Leandro Ventura agrede a la señora que portaba la bandera

No es por meter palito en candela, de verdad que no, pero es que hay cosas que me pueden: el fanatismo y el recurrir a la violencia cuando no se tiene razón, y tener que decir que una cosa que estás viendo con tus propios ojos ha ocurrido “presuntamente”. ¿Presuntamente de qué? Ahí estaba Joan Ramón Leandro Ventura, ese producto del desmadre que estamos viviendo (en adelante el “Gachó”, que es como llamaríamos por estas tierras a este tipo de individuo) tumbando a una señora de un guantazo en el suelo. Así, por las buenas, porque la señora estaba moviendo la bandera y diciendo que estaban en suelo español.

Para algunos -y ésto ya es de apagar e irse- “La mujer estaba provocando”.
Estaba provocando. Pero Dios mío, ¿de verdad van a salir con eso? ¿Un energúmeno agrede a una mujer, que además es bastante mayor que él, y quieren buscarle una justificación? ¿Y las feministas no ponen el grito en el cielo? Porque a ver si va a resultar que según lo que hagas o digas es disculpable que te tiren al suelo de un guantazo… En estas cosas hay que hilar fino y ser consecuente, porque como se caiga un naipe se viene abajo todo el tinglado.

Nosotros, los europeos, que hemos sido la cuna de la democracia en otros países como EEUU, estamos a años luz de ellos en este tipo de cosas. Por los feudos de Trump se castiga con prisión cualquier acto de ofensa a la bandera, y por éstos feudos en funciones parece poco menos que quien exhiba su bandera merece ser carne de trena y todo lo que le pase es poco. Para colmo si la agredida no denuncia, si los Mossos la aconsejan tirar de pelillos a la mar, el Gachó de las narices se va de rositas y de nada sirve que le hayan identificado. Voy más lejos todavía: va a irse de rositas aunque denuncie, porque en este país parece que se critica la salvajada pero se admira al salvaje, y todo el que se oponga al sistema desde la barbarie o la estupidez tiene patente de corso.

Al Gachó tumbaseñoras le ha visto la cara media España, así, sin decir “presuntamente”. Es un hecho cierto e incuestionable. El Gachó tumbaseñoras es un producto del adoctrinamiento, del fanatismo y de la poca educación (ésta es una opinión de quien suscribe), y si al Gachó de las narices se le anudaran sus partes pudendas con un lazo amarillo bien apretado se estaría obrando con justicia moral. Yo hasta encomendaría el lazo a San Cucufato por aquello de que aparezca la bandera, que entre pitos y flautas, se quedó perdida entre la multitud.

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