PRENSA Y REDES SE MOFAN DEL IMPROPIO COMPORTAMIENTO DE BEGOÑA GÓMEZ

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PRENSA Y REDES SE MOFAN DEL IMPROPIO COMPORTAMIENTO DE BEGOÑA GÓMEZ
PRENSA Y REDES SE MOFAN DEL IMPROPIO COMPORTAMIENTO DE BEGOÑA GÓMEZ
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Articulo escrito por nuestra colaboradora: Yolanda Cabezuelo Arenas

Siempre que se escribe sobre Begoña Gómez se hace con disgusto, como temiendo añadir más leña a un mono que bastante tiene con lo suyo; casi con pena, porque el comportamiento de esta pobre señora da a entender que no anda muy allá, poseída por el deseo de brillar a base de imitar luces ajenas. Hemos pasado de preguntarnos cómo había podido fijarse Pedro Sánchez en una mujer tan poco agraciada a cuestionarnos más o menos en serio si se trata o no de una mujer.

Por las redes sociales circulan toda clase de chascarrillos por el aspecto de Begoña Gómez, con la común apreciación de que la mujer del presidente parece un maromo, y se insinúan informaciones acerca de que Begoña se ha criado en ese mundo, puesto que Sabiniano Gómez, padre de Begoña, tenía negocios relacionados con el ambiente gay y la prostitución masculina; el más famoso sito en la calle San Bernardo número 38 de Madrid.

Para ser justos hay que admitir que esta señora no tiene ninguna culpa de las actividades empresariales de su padre aunque haya tenido que beneficiarse necesariamente de éstas, y que tampoco es culpable de no tener nada que agradecerle a la naturaleza. La belleza es cuestión de gustos, y ya ven que a Pedro Sánchez le parece su mujer un Potosí, que cosas más raras se han visto… Ahora bien, de hacer el tonto sí que tiene culpa, porque hacer el tonto es una elección libre y gratuita.

Lo más comentado es esa manía de acompañar a su marido -al presidente no tiene por qué- a cuanta ocasión se presente de conocer mundo, típica de cualquier marujilla que no hubiera salido nunca de casa y que fuera un poco caradura, porque los viajecitos no los paga precisamente de su bolsillo… Que quiera hacerlo en calidad de primera dama, como si en realidad lo fuera, es absolutamente ridículo. No hay más que ver a la Primera Dama por excelencia, Melania Trump, que no acompaña a su marido si puede evitarlo -viendo a Trump se entiende por qué perfectamente-,  y cuando lo hace se mantiene en un encomiable segundo plano. Hasta Brigitte Macron miraba extrañada a la mujer de Pedro Sánchez en París como preguntándose “¿y ésta qué demonios pinta aquí?”

La foto de Brigitte y Begoña en aquel alarde de suplantación de Letizia planteaba otra cuestión mucho más curiosa que lo impropio de su presencia: cómo era posible que una señora de 60 años resultara más agradable a la vista que otra de 43, y se diera menos humos. Es lo que tienen de mágicas las imágenes de prensa, como la de esta criatura a lo Lady in red copiando de Letizia hasta las fundas de los dientes, y descendiendo del Falcón con toda la cara del mundo: de cuello para abajo pase, pero de cuello para arriba le pasa como a las gambas, que para comerlas hay que quitarles la cabeza.

La prensa no es más benévola con Begoña Gómez que las redes sociales: no tienen más que teclear su nombre en Google, y verán que la pobre señora de Sánchez -y de paso su marido- están pasando de ser el pitorreo nacional a motivarlo allende los Pirineos por esos mundos de Dios. Allá donde pone el Falcón su tren de aterrizaje despliegan un cateterío a lo Paco Martínez Soria digno de ver y de comentar.

La opinión más unánime es que tal vez el secreto de tanto caramelo en el matrimonio del presidente sea la afinidad de caracteres -porque se ve que cara dura y ganas de aprovechar las ventajas del puesto no les faltan a ninguno de los dos-, y no las maliciosas afirmaciones en las redes acerca de la realidad biológica de Begoña.

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