Pedro Sánchez traspasa las fronteras de la ley como Evo Morales

Pedro Sánchez traspasa las fronteras de la ley como Evo Morales

Pedro Sánchez traspasa las fronteras de la ley como Evo Morales

La ley está para respetarla y delimitar los derechos y deberes de cada cual, en función de la responsabilidad cívica que nos obliga a todos. Cualquier delincuente sabe a lo que se expone cuando vulnera la ley. Claro que pocos son los malhechores que acceden a la trastienda del poder para cambiar al antojo los límites legales, pero no deja de ser delictivo el comportamiento, sea cual sea la influencia para disimularlo, y tarde o temprano se acaba penando a poco que se yerre en la estrategia de desmantelar la Justicia. Pedro Sánchez no es el único ignorante, confiado, que lo ha intentado como un Evo Morales fracasado.

Lo del farsante José Luis Ábalos en el aeropuerto de Adolfo Suárez no solo es esperpéntico sino ilegal. Una más del suma y sigue de este imposible gobierno sobrevenido, posiblemente, de una oscura y eficaz maniobra de fraude electoral. A poco que demuestran lo que son verdaderamente, las indignaciones se acrecientan.

Los agricultores al límite de las resistencias largamente sostenidas sin protesta, han estallado para echar el resto ante una situación insoportable. Con el sectarismo de Grande Marlaska se han topado mediante cargas antidisturbios execrables, pero los represaliados no se han dejado engañar abrazados a los policías. Saben bien quién es el verdadero enemigo siendo Sánchez objeto de aversión generalizada por mucho que el sinvergüenza del CIS lo endiose como líder político mejor valorado.  No importará la represión pues son los primeros de muchos que terminarán apostándose a las puertas monclovitas. En poco tiempo la complejidad del  laberinto español, el que surge si no se sabe gobernar para todos, va a estallarle en la cara al sanchismo.

Será cuestión de meses reaccionar contra aquellos que usan la ley y su intoxicada influencia para delinquir con el uso sectario de un gobierno. Porque es perseguible la actividad delictiva de alto nivel, como ha demostrado Bolivia al poner fin a las fechorías de Evo Morales y convertirlo en reo de sus actos.  Con él quedan al descubierto los cómplices de cuantos se creían intocables con la protección totalitarista de un narcogobierno al uso venezolano. Tal es así que Podemos se ha convertido en objetivo de pesquisas internacionales, con influencia directa de los Estados Unidos de Trump, con el fin de conocer el grado de financiación derivado del narcotráfico y las intenciones de propagar el neocomunismo en Europa. Delitos que de constatarse convertirían al vicepresidente segundo de Asuntos Sociales en un delincuente. Un delincuente asociado en un Gobierno cuyos atropellos a la Justicia no pasan inadvertidos, con el indicio de extorsión en las instituciones y costumbre de prevaricación como jamás hubo en democracia. Una monumental corruptela estilo ERE, entre otras,  a nivel nacional.

La sospecha de que confluyen múltiples delitos en la gestión de este gobierno sanchista es evidente. Quizá no contundente por este tiempo de reacción ralentizado por las muchas obstaculizaciones que se imponen para tapar los trapos sucios, pero la evidencia traerá consigo una indignación que arreciará cuanto más sea concluyente el origen y el desarrollo de la inepcia y, lo que es peor, la costumbre de la manipulación torticera traspasando los límites legales. A estas alturas de la película de traición montada por Pedro Sánchez, millones de hacendosos y honrados ciudadanos saben con certeza de este gobierno de facinerosos, estafadores y troleros que ha usurpado la verdadera condición gobernante de un país como España, consciente de las múltiples irregularidades y sospecha de actividades delictivas que se originan en la guarida monclovita. La reunión con el inhabilitado Joaquín Torra marcaría un antes y un después  en la sospecha de la traición consumada. Sánchez se dirige a un dédalo de incongruencias que no hallarán salida.

Se mire por donde se mire y aun con las intenciones más benevolentes en la crítica, se han traspasado todos los espacios de la decencia política y la desvergüenza personal para colegir que una especie de submundo político hasta hace poco desconocido en su grado de intrusión y perjuicios ha tomado, mediante innúmeras trampas, la dirección de España hacia la futura ruina y beligerancia.

Sin embargo el ejemplo de los olivareros de Jaén, la incipiente revolución del campo contra el totalitarismo sanchista, augura una resistencia persistente como jamás se vivió en la calle durante la democracia. Los sectores del más variopinto mercado se irán sumando a las algaradas. Verdaderos derechos democráticos, no los ilegítimos independentistas, manifestándose en las calles hasta llegar a las puertas de la misma Moncloa ocupada. Porque son muchas las vertientes de protesta que van a confluir cuando se desenmascare este soez proyecto de desintegración institucional y económica que depara un gobierno de oportunistas  al servicio del sectarismo, la especulación sin reserva, siendo solo una mafia de intereses dispersos cuyo capo principal no sabe todavía contra qué España se la juega. Y si no que se lo digan a Evo Morales en Bolivia, el cómplice auspiciador del podemismo bajo creciente sospecha.

Ignacio Fernández Candela

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