Paco con 63 años en La calle confiesa pasar frio y Hambre

CONSECUENCIAS DE LA PANDEMIA

Paco Alba tiene 63 años y pide en la calle desde hace tres meses. Después de 48 años de trabajo en la hostelería se quedó en paro en enero. Sobrevive con los 430 euros de subsidio para mayores de 55 años. «Trabajé en la hostelería en varias cafeterías como La Venatoria y la Casa de Asturias. Cuando me separé de mi mujer me fui a Vigo y en enero de este año perdí el empleo, me dieron un mes de vacaciones, cuatro meses de paro, volví a León y con la pandemia ya no he vuelto a encontrar trabajo».

Las circunstancias de Paco son las que llevan a la pobreza cada vez a más leoneses. Los ahorros se acaban, las ayudas no llegan y la crisis sanitaria y económica ha dejado sin trabajo sólo en octubre a 834 personas en León, una lista en la que ya hay 32.000 personas en la provincia. «Las ayudas dejan fuera a los colectivos más vulnerables», explica María Jesús Álvarez, gerente de Cáritas de León. Sólo en los tres primeros meses de la segunda ola de la pandemia, de agosto octubre, Cáritas ha atendido a 2.089 personas. Lo llamativo es que 334 no habían acudido nunca antes a pedir ayuda a la institución. «Hay otro perfil que necesita de nuevo ayuda, a los que ya tuvimos que dar apoyos en la crisis de 2008 y que vuelven a Cáritas después de cinco o seis años de una vida normalizada». De todos los programas que tiene Cáritas, el asistencial es el que más presión tiene ahora mismo. «Llegan muchos autónomos, trabajadores por cuenta ajena sin actividad o con actividad reducida, como los feriantes, que no tienen ingresos desde hace varios meses, y personas que trabajan en hostelería, mercadillos o empleos sumergidos, como la limpieza. También inmigrantes a los que se les ha denegado la petición de asilo y no tienen ningún recurso». El mayor desembolso de ayudas que sale de Cáritas es para sufragar las facturas de la vivienda. «El empleo doméstico es uno de los más afectados, las familias no se atreven a contratar por la pandemia y el miedo a los contagios».

Paco acude todos los días al comedor de la Asociación Leonesa de Caridad. Por un euro al día desayuna, come y cena. En la cola coincide todos los días con un centenar de personas que necesitan recurrir a este servicio para no pasar hambre. «Me da mucha vergüenza pedir. Paso hambre y frío y me siento muy solo. Estoy todo el día solo. Yo no me relaciono con el resto de las personas que están en la calle, no las conozco. Hay personas que ya están acostumbradas, que se encuentran bien en la calle, pero yo no».

Paco pasa frío porque la ayuda de 430 euros le alcanza para poco más que para dormir en la habitación de un hostal por la que paga 350 euros al mes, pero le empuja a colocar un cartel en la acera y pedir ayuda en la calle para comer, tomarse un café o comprar cualquier otra cosa que necesite. «Una amiga me trae todas las semanas un paquete de mascarillas y gel hidroalcoholico. Me paso el día en la acera, en la misma posición y paso frío. En el hostal ni limpian la habitación ni lavan las sábanas, La ropa la lavo yo en la bañera. Sólo fui una vez al servicio que tiene Cruz Roja para ducharme y lavar la ropa».

El día en la calle pasa lento, a la inversa que las ideas por su cabeza, que buscan en el origen de esta nueva vida tras años sin problemas de dinero ni carencias. «Me parece imposible la situación por la que estoy pasando. Llevo trabajando desde los 16 años. Tengo una vida laboral que no tiene ningún político de este país, que no miran para nosotros, los que lo estamos pasando mal con esta situación». El día en la calle comienza a las nueve de a mañana y acaba a las siete de la tarde, cuando el frío arrecia. «El otro día me retiré con cuatro euros. Eso me da para pagar la comida y tomar un café, que cuesta 1,40 euros».

Este hombre de 63 años dice que pasa vergüenza en la calle. «Siempre me coloco en el mismo lugar en Ordoño. En León me conoce mucha gente. Ya soy muy mayor para aguantar esto. Soy incapaz de robar. A veces pienso que es mejor quitarme de en medio. Tengo que soportar comentarios de la gente que pasa a mi lado y dice que si estoy así es porque algo habré hecho. Y no me queda más remedio que agachar la cabeza. Pienso mucho en la vida que llevaba antes. Dejé a mi mujer y mis hijos con los que no tengo relación. ¿Sabes acaso lo que es aguantar la soledad?. Te mata poco a poco. Hecho de menos a los amigos también, muchos se han alejado cuando me han visto en la calle. Antes, cuando tenía dinero, no faltaban para tomar un café o una cerveza. Es inhumano. Hay gente que me da ánimos, pero no puedo más».

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