domingo, mayo 26, 2024
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Aceleración, abrocharse el cinturón

Una aventura fantástica.

El padre se resiste, solía sacar el caballo para arar la tierra. Unas hectáreas para ejercitar al viejo caballo ahora inútil. Siglos de uso. Ni siquiera un adiós en buena forma. El tractor era el relevo en todas las tareas del mundo agrícola. Un sector muy importante con una transformación brutal en pocos años. El hijo, acelerando las compras de las nuevas maquinarias para seguir el relevo generacional con perspectivas más productivas. Eran los años sesenta. Desde entonces todo fue llegando a velocidad sostenida. Avances tecnológicos deslumbrando el mundo. Mecánicos, eléctricos, electrónicos, virtuales. Sin pausas, la adaptación como clave para seguir absorbiendo tantas novedades y movidas. Nos enseñaron a abrocharse el cinturón. Aquí estamos, ahora en pausa por jubilación. Seguimos aprendiendo con atención para poder ejecutar los gestos cotidianos que exigen las nuevas tecnologías que nos llegan a raudales en cada instante.

Una vida prodigiosa con unos avances inimaginables en tan poco tiempo.

El télex, el telegrama, el fax, la tarjeta de crédito, el casete, el móvil, compact disc, el i-Pod, computadora, el correo electrónico, el vuelo supersónico con el Concorde, la luna y la Tablet, el móvil, ahora una herramienta céntrica para operar tu vida. Las redes sociales, el fast fashion, el IA, coche eléctrico, movilidad, ciencias, medicina, comunicaciones, todos los sectores en modo explosivo de novedades, genialidades. Una vida donde el aburrimiento no existe más. Claro, también provocó problemas sociales, abandono de industrias tradicionales, el paro, protestas, adaptación rápida necesaria, reconversiones, movidas constantes. No conocimos la guerra en nuestras puertas.  Un tramo de vida con muchas oportunidades para casi todos. Una orientación más global, aperturas del comercio internacional, reglas comunes, generando un progreso significativo, visible, importante. Nadie quiere ir por atrás. Una globalización de los avances tecnológicos. La desigualdad sin embargo sigue sin resolverse. La riqueza no se comparte. El factor humano todavía necesita progresar. La explotación laboral sigue una lacra incomprensible. Dejando países enteros en la miseria la más absoluta, saqueando sus recursos naturales o usando su mano de obra para abaratar costes en sus propias tierras, usarlos además como vertederos para esconder nuestras basuras. Un capitalismo salvaje expansionista apartando voluntariamente las oportunidades de progreso de muchas naciones. La globalización sirve principalmente a los países ricos. Una selectividad llamativa. No vemos todos las escenas censuradas de la película. Nacer aquí o allá no es lo mismo con las oportunidades.

El gran ausente de nuestra época son las consecuencias para el medio ambiente.

No fuimos capaces de entender lo que realmente estábamos provocando. Siempre con medidas de emergencias, atrasadas en la ejecución.

No vimos o no se quiso ver los costes para un equilibrio ambiental, mantener la asociación amistosa con la naturaleza. La madre de nuestras vidas. La eufórica situación nos empujó a seguir sin pausas. Pasamos de todas las alarmas. Incluso con un alto grado de inconsciencia. Una situación creada para tener un juicio global. No sirve de nada ya que la condena se ejecuta ahora sin abogados y sin jueces. Ahora qué?. En sesenta años hemos avanzado mucho. La esperanza de vida está aumentando como testigo del buen hacer. Todo lo demás se supone que se puede arreglar. Que el trabajo preparatorio está hecho. Las condiciones para dar un salto prodigioso están ahora en la puerta.

Hemos inventado la aceleración perpetua.

Una nueva situación con un progreso que tiene sus complicaciones. Nuestro ADN tiene dificultad para absorber tantos cambios en tan poco tiempo. Parecemos ahora como pollos sin cabezas. Una oportunidad para crear un nuevo orden con reglas que van a asesinar las libertades individuales. Un motivo de angustia para nosotros, hemos disfrutado mucho de la libertad antes de las cámaras, los drones, la detección del ADN, las huellas digitales y los satélites. Las nuevas generaciones están asistiendo en directo a una revolución tecnológica sin precedente. Es absolutamente increíble, fantástico, exuberante, hilarante. Queremos más ya. Es como comer un helado, a pena terminarlo quiere otro y te lo sirven inmediatamente. Nuevos gustos, formas, colores, a tu gusto específico, te lo llevan a tu casa si quieres. Todos los días como una adicción. Usar y tirar. Espera ver el nuevo modelo con ansiedad antes de terminar tu cono de helado favorito. Vas disfrutando lo que viene, no te interesa lo que tienes. Mil ejemplos de esta situación en todos los ámbitos. Té presentan y te quieren vender ya el coche del año siguiente, de los próximos años, lista de espera para el próximo móvil, espera seis meses para tu nuevo coche. Te presentan avances en la salud, pero hay que esperar años para disponer del medicamento. En todo hay promesas de mayor velocidad, ganar tiempo, evolución ergonómica, menores esfuerzos, más confort. Incluso trabajar es cada vez menos necesario. Menos horas, desde tu casa, los robots y la IA (inteligencia artificial) van a sustituir muchas tareas. Lo hacen ya en las industrias de alto volumen de fabricación. Sin una autodestrucción voluntaria, el humano necesita nuevas soluciones para su supervivencia. La curva demográfica sigue creciendo, sabemos calcular, hacer predicciones con aciertos.

Lo nuevo de ahora nos llevara a otro nivel.

Lo mecánico sigue existiendo, pero desaparece de la vista. Quién abre el capot de un coche ahora para ver un motor… Nos llega la era completamente virtual. Una galaxia sin fronteras, millones de combinaciones, un mundo infinito con nuevas fronteras del conocimiento. Otro nivel, una evolución sideral. Nosotros hemos arrastrado unos problemas de salud mental con nuestros cambios acelerados.

Todavía lo que viene no tiene respuestas sobre nuestro futuro comportamiento. ¿Seremos capaces de seguir las velocidades del cambio? …es una curiosidad que no tendrá repuesta ya que la ley de la vida por el momento tiene caducidad. Estar tan cerca de ese nuevo mundo que se dibuja cada día con nuevas sorpresas me fascina. Ser realista aporta mucha satisfacción con el camino recorrido. Tocó más de lo esperado. Imaginar el futuro cercano con nada de lo que hemos conocido sigue un reto que entusiasma. La fuerza de los cambios es muy potente, la velocidad de ejecución es asombrosa.

Abrocharse el cinturón parece una medida de nuestros tiempos acabados, pasados. Era para protegerse de lo que viene en el frente, una medida preventiva. Cautela y seguridad. Una forma prudente de vivir con el automóvil y la movilidad como eje conductor de nuestras vidas.

Desabrocharse el cinturón definitivamente sería otra medida actual para poder volar sueltos en este nuevo mundo que viene… la aventura humana es increíble.

Viva la vida

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