“Nos vamos a la calle con tres niños y un bebé”
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Balears registró entre enero y marzo 382 lanzamientos de inquilinos frente a 107 ejecuciones por deudas con la hipoteca – “Esta tendencia irá a más porque suben las rentas y el coste de la vida, pero no los sueldos”, indica el abogado de la PAH

Estas son unas de las Noticias que nunca quisieramos publicar, y es que se trata de una familia que tendraa que dejar su vivienda por el famoso desahuicio de las hipotecas.

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Angustiosa cuenta atrás. Los ocho miembros de la familia Santiago Cortés cuentan desesperados los días que faltan para que se ejecute su desahucio, previsto para el viernes 29. Piden al banco una prórroga para ponerse al día con el alquiler

Ocho miembros de una familia viven angustiados por la amenaza de un desahucio inminente. Ramón Santiago, Eva Cortés, sus cuatro hijos y dos nietos deberán abandonar el piso en el que viven de alquiler en sa Cabaneta el próximo día 29. Es la fecha fijada por el juzgado para dar cumplimiento a la demanda presentada por un banco, propietario del inmueble, después de que los inquilinos acumularan impagos del alquiler por valor de más de cinco mil euros.

“Asumimos que debemos bastante dinero, pero es que no hay alquileres asequibles. Hemos buscado bastante, pero todos son desde mil euros y no tenemos la posibilidad de abonar tanto.

Es una disparidad. Mi marido y yo no tenemos la posibilidad de trabajar por una discapacidad, requerimos asistencia”, ruega Cortés, desesperada porque la fecha del desahucio se acerca y no tienen plan B. La familia vive en el inmueble desde 2013, cuando se lo alquilaron por 360 euros mensuales a una mujer que se realizó pasar por la propietaria.

Poco luego de instalarse llegó una orden de desahucio a solicitud del banco y la constatación de que fueron estafados. “Le hemos proporcionado 1.080 euros por los tres primeros meses de alquiler y desapareció”, recuerda Santiago.

Por último el banco claudicó. Retiró la demanda y otorgó a la familia un alquiler popular por la misma cantidad, 360 euros, más 80 por la red social.

“Desde entonces pagamos todos los meses hasta que no pudimos continuar. Teníamos puestos en numerosos mercadillos y los perdimos todos por la crisis.

El Ayuntamiento de Marratxí me ofertó un trabajo de barrendero. Estuve seis meses, con la mala suerte de que me caí, me hice inconveniente en la rodilla y me debieron operar. Desde ese momento todo fue a peor.

Empezamos a tener muchas adversidades para subsistir y tuvimos que dejar de abonar el alquiler”, enseña Santiago. En el piso viven el matrimonio, dos hijas de 30 y 20 años, las dos mamás solteras, y dos hijos de 17 y 9 años. Los dos nietos tienen 10 años y 9 meses. Una familia amplia que se ve en la calle en menos de dos semanas. En marzo llegó una primera orden de desahucio.

“La trabajadora popular logró un escrito pidiendo una prórroga para que por lo menos los jovenes tengan la posibilidad de finalizar el colegio.

El juez la concedió y aplazó el desahucio al día 29, pero lo que nosotros requerimos es asistencia. Tendríamos la posibilidad de abonar si el banco bajara la renta de 360 euros, eso es bastante para ser un alquiler popular”, reclama Santiago.

La deuda con el banco supera a día de hoy los siete mil euros. El Ayuntamiento de Marratxí ofreció a la familia una ayuda de 2.000 euros. Ellos creen que podrían reunir algo más de mil, y se comprometen a pagar cada mes un alquiler asequible gracias a lo que una hija ingresa de un puesto en el mercado de Pere Garau y a lo que Cortés obtiene vendiendo artesanía por las noches en Platja de Palma.

“Estoy enferma, tomándome pastillas para la depresión y para poder dormir. Estamos muy angustiados y ya he tenido que ir dos veces a urgencias por ataques de ansiedad. En el IBAVI nos dicen que hay gente en lista de espera que están peor que nosotros. ¿Cómo es posible? En dos semanas nos quedamos en la calle ocho personas, incluyendo tres niños y un bebé de dos meses. ¿Quién puede estar peor?”, se pregunta Cortés.

Encontrar un alquiler asequible en plena burbuja y a las puertas del verano es una utopía. Casi tanto como encontrar un trabajo que les alivie. “Mi mujer tiene una minusvalía del 35% y yo tengo tres hernias en la espalda y una lesión en la rodilla mal. Me han denegado la incapacidad permanente y lo he denunciado ante lo Social, pero va para largo y no tenemos tiempo”, cuenta Santiago

Sobrevuela el fantasma de la dispersión familiar. “Eso no lo vamos a consentir, vamos a seguir todos juntos aunque tengamos que dormir los ocho en un coche. Nadie puede obligarnos a que nos separemos, prefiero morirme antes que eso”, zanja.

La familia mantiene la promesa en que el banco al final les conceda una prórroga porque, dicen, no desean okupar ilegalmente este u otro piso.

“Ves pisos de tres habitaciones, que es lo que requerimos como mínimo, desde mil euros. ¿Solución? Meternos en un piso de patada. No somos de esta forma, no tenemos ganas llevarlo a cabo.

Esa es la más reciente opción. Pero si no, ¿qué hacemos?”, pregunta angustiado Santiago.

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