LOS ERE Y LA POCA VERGÜENZA DE NO DIMITIR

LOS ERE Y LA POCA VERGÜENZA DE NO

LOS ERE Y LA POCA VERGÜENZA DE NO

Vivimos tiempos de desprestigio de la justicia. Y lo siento, porque he crecido entre tomos de Aranzadi y en el ambiente de veneración por los antiguos valores en aquellos tiempos en que se tenía palabra, y se estaba preparado para asumir las consecuencias de los propios actos y la responsabilidad de aquéllos que no siendo propios si los afectaran personalmente.

Yo soy de los españoles que sienten admiración por la jueza Alaya. No sé si habrá muchos o pocos -ésta no es una cuestión de mayorías-, pero cuando el señor Bono dijo que preferiría no tener que vérselas con ella me hubieran entrado ganas de decirle que no se teme a un juez severo cuando se tienen las manos limpias.

Anselmo Romero Soria, uno de esos grandes conocedores de la vida y de la Historia con los que cuento como amigo y tertuliano, me hacía la reflexión de que cuando uno es inocente y se ve envuelto en un proceso no pone palitos entre las ruedas; más bien quiere que el proceso avance y quede demostrada esa inocencia lo antes posible. Hablábamos de los palitos que Susana Díaz y otros muchos socialistas han venido poniendo en la instrucción del caso de los ERE, a pesar de poner la mano en el fuego por los encausados. Si tan seguros estaban de su inocencia no se explica por qué intentaron paralizar el procedimiento y su consiguiente archivo. Lo intentaron por todos los medios, incluyendo apartar a la jueza Alaya.

Estoy convencida de que el PSOE Andalucía confiaba ciegamente en que los jueces no tendrían valor para seguir la línea incorruptible de doña Mercedes Alaya, y en que el asunto de los ERE solo tendría como consecuencia la interrupción de las actividades delictivas; pero los jueces han hecho honor a sus cargos, y han resuelto el caso de los ERE con una sentencia que a su vez hace honor a la justicia. Iba a decir que es la sentencia más dura de Europa, pero qué tontería… En Europa no hay manejos como éstos del PSOE en Andalucía. En Europa se habría producido una cadena de dimisiones en el acto y se hubieran depurado las responsabilidades, pero en España la política se ha convertido en una profesión y no en una vocación, y aquí no dimite nadie aunque se hayan quemado hasta el hombro de tanto poner la mano en el fuego.

Tan responsable de un delito es quien lo comete como quien lo encubre. Por tanto lo justo sería que quienes intentaron obstaculizar por todos los medios la instrucción del caso ERE asumieran su responsabilidad política y dimitieran. ¿Sucederá ésto? No, hombre… Esto es España… Ahora veremos cómo se recurre al Tribunal Supremo, que está nombrado por las fuerzas políticas, y veremos si resiste la presión como la han resistido los jueces sevillanos.

Empezaba este artículo diciendo que vivimos tiempos de desprestigio de la justicia, y el mayor desprestigio sería evidenciar que haya dejado de ser ciega e independiente. Ha sido vergonzoso que habiéndolos pillado con el carrito de los helados, y sabiéndolo, hayan arrastrado al país a un proceso de ocho años con el gasto que ello implica, más dos años que vendrán ahora con el recurso al Supremo cuando lo responsable hubiera sido reconocer los hechos, aceptar el castigo y no empecinarse en negarlos. Con esto también se demuestra que la catadura moral y la honradez tan defendidas por sus compañeros no es más que una quimera.

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