abril 16, 2021

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Jamás un ejercicio tan digno como el del profesional de la Medicina había caído tan bajo desde las aberraciones impunes de Grunenthal y la Talidomida, con la actual degradación del juramento hipocrático arrastrado por una manipulación que ha convertido a la Humanidad en cobaya de la farmacopea y las codiciosas y genocidas ambiciones de un Nuevo Orden Mundial. Solo resisten los elegidos de la conciencia que como sanitarios cumplen con su vocacional deber, aun a costa de convertirse en apestados y enemigos del sistema. Bien sabe Médicos por la Verdad de persecuciones y anatematización como precio a pagar por la lealtad al Bien, ergo Dios, frente al Satanás desatado de estos tiempos definidamente apocalípticos.

      Algunos las llaman vacunas del Diablo, nanotecnología aplicada contra la salud, el 666 marcado en la frente… ¿Conspiranoicos frente a la realidad o héroes en tiempos del Mal? De lo que no cabe duda es que estas vicisitudes dantescas no han sobrevenido de modo espontáneo sino provocado.

      La señal de los tiempos predicha por Jesucristo conllevaba, entre muchas otras, que se desenmascarara al Diablo sobre la Tierra, ¿en tanto se emboza al ser humano con un macroengaño sanitario, destinado a destruir la dignidad del cuerpo conservado en salud y el espíritu de la condición humana? Lo cierto es que de la incierta previsión, de la toxicidad mental, del miedo impuesto y la obligación de mermar las libres capacidades pensantes, devendrá el esclavismo que se generará colectivamente por la vacunación de no se sabe qué elementos exentos de responsabilidad legal, no así de imprevisibles efectos secundarios.
      La salud es el poder más necesario y trascendente para poder sobrellevar los muchos desafíos de la existencia. Si se trastoca este derecho universal se habrá socavado el bien supremo de los derechos humanos, con los perjuicios derivados de un control destructivo más letal que una explosión nuclear. Si padece algún tipo de malestar, dolencia o dolor crónico, ha pasado por ese momento crítico en que se enfrenta al conocimiento de una merma que aparece cuando menos se espera. ¿Cómo habrá de sentirse aterrorizada, por millones, una ciudadanía inyectada con vacunas, apresuradamente sacadas de la manga de la manipulación por parte de autoridades que han perdido toda credibilidad?
      Es una planificación de tortura para transformar, con razón, en hipocondríacos a millones de personas cuya salud dependerá de una vacuna de componentes desconocidos y nulas garantías protegiéndose la impunidad de la experimentación. Se va a provocar una psicosis colectiva porque si la mayoría desconfía de las intenciones de estos diablos del siglo XXI, ¿cuánto más de que se inoculen sustancias secretas que pueden desencadenar una ola de efectos adversos contra la salud?
      Esta programación cómplice del Mal tiene identificados a sus actores que, con el pretexto de una emergencia virología se han adueñado del libre albedrío en las democracias de Occidente fraguadas desde la II Guerra Mundial, camino ahora de regímenes totalitarios tan propios del nazismo y el estalinismo. Amenazas como las de entonces aún más maléficas en este neocomunismo del siglo XXI orquestado desde la China, el NOM y cuantos han actuado en connivencia para instaurar un auténtico reino de Satanás sobre la Tierra. No es casual que el bastión de EEUU, liderado por Donald Trump, haya sido víctima de un fraude electoral silenciado por los medios afines al programa holístico de invasión contra las libertades universales.
      Para esta III Guerra Mundial iniciada solo necesitan a los líderes políticos comprados o sometidos; a las antes Fuerzas de Seguridad convertidas en represión policial o militar, actuando contra la libertad de la ciudadanía y contra sí mismos y sus familias en definitiva; a los medios de comunicación y redes sociales transformados en emisores tóxicos, como mercenarios de la desinformación que mantienen entretenido y engañado al conjunto de la población, nutrido de mensajes afines a la estafa de emergencia sanitaria que persiguen y denuestan a cuantos  advierten de las manipulaciones. Es una guerra generalizada cuyos soldados han sido alistados y entrenados desde la corrupción de una élite satánica que previamente ha pagado por la victoria de unas batallas, provocadas ad hoc, para ganar la contienda de una dominación mundial.
      Después de años a la sombra de la corrupción encubierta, los organismos internacionales como la OMS y la ONU están conchabados con los largos tentáculos del neocomunismo infiltrados silenciosamente antes de que el Coronavirus, probablemente pergeñado en laboratorios, se convirtiera en el detonante para erradicar las libertades de democracias consolidadas como previo paso a una extinción controlada de la población. Del exterminio de la honra dirigente del mundo ya se daba cuenta en la política, cuya bajeza generalizada llega a su rastrero culmen con la estafa a sueldo del Diablo en que se ha convertido el orbe,  tomado como campo de experimentación que para sí hubiese querido, expedito de trabas, el supremacismo nazi.
       En nuestra sufrida España secuestrada por fraude electoral se miden con cautela las consecuencias de las decisiones apresuradas, siguiendo el plan de infundir temor. Hasta ahora los genocidas, asesinos de nuestros padres, se conforman con la advertencia de que se hará una lista, compartida con la Unión Europea, de cuantos declinen vacunarse. Estadísticamente, la voluntad ciudadana ante la vacuna podría implicar una rebeldía social susceptible de convertirse en una asonada incontrolable, de ahí que extremen las precauciones para que los borregos-como nos tratan-no se solivianten por auténtico instinto de supervivencia, y decidan salirse del redil, estando dóciles como ahora hacia el matadero. La primera fase les salió bien con el avance de una eutanasia encubierta que asesinó a nuestros seres queridos atiborrados de morfina. A estas alturas no resulta tan fácil con el dedo acusador apuntando a los culpables de nuestras tragedias, incluida la ruina económica que estos hijos de Satanás propician a voluntad.
     Ante un enemigo invisible no hay mejor manipulación que el teatro para combatirlo. No es arriesgado decir que con la planificación de la artificiosa Covid 19 venía en el paquete la fabricación de las fingidas vacunas; esas mismas que quieren inyectarnos con los mismos efectos mortales y de esterilización con que a propósito pudieron ser creadas: las denominadas vacunas del Diablo.

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