LA FERIA

LA FERIA

Llama mi atención desde el primer momento en que aparece en mi visual, por el largo pasillo que encara mi stand en la feria; es alto y de mediana edad, esa línea indefinida entre la juventud y lo que damos en llamar madurez, sin tener en cuenta que la madurez, la mayoría de las veces no es cuestión de tiempo, si no de estado mental.

El tipo es alto y como buena parte de los que nos movemos por aquí, va vestido con un impecable terno oscuro y una camisa clara con corbata y lleva en la mano un maletín de esos que solemos llamar de ejecutivo y que hace muchos años, cuando salieron, se denominaban “James Bond”, debido a que fue el primero en lucirlo en una de sus películas.

Pero no me llama la atención ni por su indumentaria ni por su maletín, me llama la atención por su cara y por su compañía: va acompañado por dos señoritas mucho más jóvenes que él y que vestidas de manera un tanto despreocupada, llaman la atención mucho más que él.

Se ve claramente que a las señoritas la feria ni les va ni les viene y si mucho me apuráis, casi estoy por decir que ni él tampoco. Por miradas y gestos se advierte que una de las chicas es la pareja, amiga, acompañante o lo que sea y que la otra, algo más joven, es hermana o amiga de la anterior.

Mirándolas a ellas, comprendo la expresión de la cara del tipo y hasta casi me atrevo a relataros lo ocurrido, con poco miedo de equivocarme: el hombre en cuestión invitó a la chica, conocida suya, pero sin nada mucho más allá, a acompañarlo a la feria.

El no ya lo tenia y por ese pensamiento tan difuso que solemos tener los hombres en lo que a cuestiones sexuales se refiere, el que una mujer te acepte una invitación a un viaje en el que medie una habitación de hotel, ya es de por sí casi una declaración de intenciones sobre lo que puede ocurrir por la noche, así que nuestro Romeo invitó y cuando tras unos síes y nones, al final la señorita aceptó, mi personaje ya se sintió más hombre, más galán, más seductor y hasta más joven, que en esto de las edades, la capacidad de llegar al sexo opuesto tiene mucho que ver en cuanto a la autoestima del varón.

Sus problemas empezaron cuando horas mas tarde, ella le llamó para decirle que una amiga, prima, hermana o lo que fuera, quería ir con ellos y que a ella le sabia mal decirle que no y a partir de ahí, empieza a insistirle a él para que acepte a la tercera en discordia, cosa que a él no le hace ni puñetera gracia, aunque al final y esta vez sí como un niño, transige ante la negativa de ella de ella a acompañarlo si no va su amiga.

No obstante, y con esa rapidez que los humanos tenemos cuando estamos imaginando alguna trastada, su mente empieza a elucubrar todos los escenarios posibles de la nueva situación, sin descartar ni siquiera ese fabulado trio y que suele ser la mayor fantasía sexual de la mayoría de componentes del género masculino.

Así que por la mañana las recogió a las dos y empezó camino, mientras un par de besitos y un par de más o menos indisimulados roces le hizo ver que la cosa al menos, prometía. Y así fue hasta la llegada al hotel en que al pedir una habitación para los tres, la flor de su deseo le dijo que de una habitación, nada, que dos habitaciones ante lo que nuestro Romeo y sin ganas de armar en recepción más jaleo, aceptó sin más dilación. Luego vino la cena y más tarde una copita.

Para entonces ya volvían a ser solo dos y entre algún arrumaco y alguna carantoña y con palabras dulces “ay papi, yo no la podía dejar sola, que hubiera pensado, etc.” Pasó la copa y pasó la noche y por pasar no pasó nada, nuestro personaje durmió solo, como muchas otras noches y a lo mejor soñó con que dormía en compañía, que para eso son los sueños.

Al día siguiente y ya en la feria es cuando ya empezó el desenlace de esta historia: las dos señoritas pasan olímpicamente de Romeo, que a estas alturas no pasa ya de ser un vulgar pagafantas.

Romeo va con un cabreo impresionante al ver que su inversión no le ha producido el interés deseado, mientras que además, va dando la nota allá por donde va, pues la compañía que lleva se nota a la legua que no es la más adecuada para él y en los pocos stands en los que se ha detenido, no ha podido dejar de notar las miradas indiscretas y las todavía más indiscretas risitas de los que se aperciben de la situación, sin contar con que ya ha empezado a pensar en las consecuencias que pueda tener el que se entere su mujer, pues resulta que para más INRI, Romeo es casado y de momento no tiene ganas de tener follón en casa.

Y así transcurre y así es la feria, un lugar en donde unos venden y otros compran y todos haciéndolo con la seguridad interna o, mejor dicho, percepción o convencimiento, de que ni podrían haber comprado mejor o haber vendido mejor.

Se comprarán y venderán muchas mentiras, unos comprarán mucho y otros no comprarán nada, aunque al terminar la misma, todos comentarán que la feria no fue lo que se esperaba, pero no ha ido mal del todo. Romeo, nuestro Romeo, al volver a su pueblo, también contará a los amigos lo buenas que fueron las noches de feria, aunque ellos, que ya lo conocen, pensarán seguramente otra cosa.

https://www.youtube.com/watch?v=eCKjFUtPnRo

©Fernando García. 2018

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