abril 10, 2021

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La borrasca Filomena es un ejemplo más, sumados a miles, de la decadente e inhumanitaria actitud de este desgobierno criminal. Al margen de las necesidades reales de millones de familias y chulescamente amparados por el engaño consentido de un fraude electoral, es pareja la actitud a la del absolutismo francés tiempo antes de la sorpresiva Toma de la Bastilla. Tan confiado comportamiento en la necedad de la autosuficiencia como el de los Ceaucescu antes de ser detenidos y juzgados.

      En este mundo hipócrita y sucio con el Demonio desatado es lógico que para los hijos de Satanás los fascistas sean otros. Muy lógico si observamos a estos engendros de la trampa y la mentira perpetuas. La última jugada de los impuestos incrementados con un recibo de la luz insostenible para muchos parados, autónomos y cuantos no han cobrado un ERTE puede antojarse como una burla criminal; máxime cuando circulan vídeos de estos majaderos podemitas y socialistas criticando entonces la subida al impuesto de la luz de Rajoy-8%- siendo de más de un 27% la de estos cuentistas en plena emergencia meteorológica.
     A decir verdad, mucho soporta imposiblemente España a los forajidos que la arruinan y han asesinado protocolariamente. A mi padre lo mataron atiborrándole de morfina, ingresado en planta de contagiados de coronavirus siendo negativo,  cuando tenía que haber regresado a casa después de la diálisis. Es memoria de muerte que no perdona. Así decenas de miles de inocentes que mataron aprovechando la pandemia con un adelanto de la eutanasia que tanta ansia mostraron en aprobar. Son criminales sin paliativos protegidos por una justicia secuestrada: el dique de la vergüenza denunciado por todo el mundo jurídico.
        La certeza de que desgobierna una pandilla de mandriles, carentes de conciencia y sin el menor atisbo de moralidad que además no duda en atacar al propio Estado democrático y su Jefatura real, ha puesto en alerta a millones de ciudadanos que se ven torturados impositivamente con la seguridad de que más se empobrecen cuanto más se enriquecen los ejecutores delictivos, genocidas también pese a la aparente impunidad que brinda una fiscalía prostituida. La imagen pública es inequívoca: son miembros de un diabólico circo repartiéndose tabernariamente los recursos vitales de supervivencia en estos tiempos de tragedia; aprovechados y arribistas buscan imponer rastreramente el régimen dictatorial de mamarrachos que jamás dieron palo al agua y además pretenden arruinar el sacrificio colectivo de cuarenta años de consenso en paz y democracia. Calados están cuanto más nos adentramos en este túnel del terror que supone saber que el país está gobernado por íncubos escapados de un manicomio de Satanás. No se libra ni uno de la sospecha de ser engendros satánicos. Literales en estas apocalípticas adversidades que soportamos.
       El Pueblo diezmado y torturado toma nota visceral de una memoria histórica ya imborrable y que el tiempo juzgará como el peor mal sobrevenido con el propósito de romper la paz social para que unos delincuentes tras siglas políticas recogieran beneficios a río revuelto. Niñatos de mierda consentidos en una democracia demasiado generosa con los gilipollas malintencionados y los asesinos, advenidos al poder mediante trampas y engaños fulleros, pillando desprevenida a tan histórica nación como España… La misma que tarde o temprano despierta del letargo ante sus enemigos.
        Sucede que los tiranos se aseguran desde el poder la criminalidad de sus confiadas tufaradas de totalitarismo, hasta que llega el sorpresivo día en que las víctimas deciden defenderse de aquellos que les han procurado los daños. Y avisados están.
         Es normal que aunque el impulso de la codicia y la vanidad insuflen de necedad a quienes dañan la vida de millones de familias torturadas por una minoría afecta al satanismo-al menos en el carácter de iniquidad que inspira sus perjudiciales acciones-, es normal, digo, el temor a recoger las malas siembras cuando ignorando los gritos de indignación y angustia se sigue destrozando la existencia del pueblo consumido de desesperanza, mientras se observa la buena vida de los causantes de la catástrofe repetida.
         El mar en calma es una bendición para el espíritu, pero cuando sirve de fuerza sumada a un tsunami hasta la última gota de la orilla se convierte en una maldición destructiva. Y nadie de los que daña puede estar seguro de que las orillas pacíficas no puedan convertirse en el tsunami que puede provocar el intenso cataclismo de dolor que se ha provocado.
         En la historia del mundo ha habido gobernantes que han causado hecatombes menores que las del sanchismo y han pasado a la historia arrastrados por un tsunami social. No hay dique para un maremoto, ni siquiera para el doctor cum fraude o el cantamañanas bolivariano que ponen a prueba la paciencia universal de España.

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