Iñaki Gabilondo: el antimonárquico de los calzoncillos bajados

Iñaki Gabilondo: el antimonárquico de los calzoncillos bajados

Iñaki Gabilondo: el antimonárquico de los calzoncillos bajados

 “Que no se crea a los que defienden que el cierre de la banda terrorista es falso”, decía con lagrimeo de cocodrilo.  Y no sorprende que Iñaki Gabilondo se alineara con el teatro de la disolución de ETA-en realidad contentada en el chantaje criminal- siendo él un protagonista repulsivo e inolvidable del diálogo fuera de cámara con Zapatero, en que se aludía a la necesidad de la tensión para vencer las elecciones generales del 2008.

Aquellos comicios se ganaron con el asesinato selectivo de Isaías Carrasco. Muchos dirían que alguien escuchó públicamente lo que se pretendía que pareciera un error con el pretexto de dar por cerrados los micrófonos. A saber en esta España plena de misterios sin resolver, 11-M, faisanes incluidos, luego maletas Delcygate, genocidio… Todo de la mano sucia del socialismo español o el denominado sucialismo.

Es digno y necesario recordar que el único presidente que ganó unas elecciones generales con crímenes de sangre previos a la jornada de reflexión fue Rodriguez Zapatero. Ni el más distraído cálculo de probabilidades da con semejante y atinado resultado que trajo consigo la ruina institucional y económica en España, con la aquiescencia y favor público de patéticos manipuladores como Gabilondo.

 Recuerdo al periodista que se disfrazó de neutro durante décadas hasta que vio la oportunidad de la demagogia como trampolín para que fluyera un carácter radical que revistió de aparente sentido común, disimulando estar al tanto de otros pagos, políticos se entiende, arrimado a su verdadera razón de ser y opinar, mostrando la verdadera faz como acólito de no se sabe qué revanchismo.

Iñaki Gabilondo no engañaba cuando hablaba de la decisión de los vascos a decidir sin que haya un pensamiento universalizado sobre la barbarie etarra, porque si hay algo tan deleznable como la radicalidad en los tiempos democráticos donde la gente de bien solo aspira a vivir en paz, es la aparente moderación de un enemigo del consenso que da cuenta de sus soflamas con afectada dignidad de la que se carece ante millones de españoles. Los antecedentes le delataban, por mucha sobria intelectualidad que mostrase procurando esconder una inquina que la inspiraba.

 Los pagos políticos a cuenta de la mentira son ya una característica muy al descubierto de este solemne y falaz protagonista de aquellas aciagas jornadas electorales, con resultado de 192 personas asesinadas y el hallazgo imaginativo y manipulador de un terrorista suicida pertrechado de múltiples calzoncillos explosivos.

Afortunadamente, Iñaki Gabilondo solo exhibe indecencia e hipocresía que a conveniencia se escucha por rédito político y hasta sectario, pero no se desnuda con un striptease moral que nos obligaría a contemplar atónitos la fealdad que esconde tras el hierático efectismo de sus discursos y rencores mal disimulados.

La credibilidad se pierde por donde se le ve el plumero y ya se le han visto muchos. Si ETA tuvo aliados, basta escuchar los discursos para saber que unos atizaron el árbol y otros recogieron las nueces, como decía Arzallus. Alguno debe de padecer lumbalgia de tanto agacharse para recoger frutos y el bajo cerebelo dilatado de tanto ofrecer la retaguardia al servicio de la pornografía política.  Iñaki Gabilondo no usa calzoncillos suicidas pero lleva los suyos en permanente arriada de vergüenza personal.
No es extraño que el otrora arrimado al Rey espute ahora sus tóxicos discursos de sectarismo carroñero contra la Corona. Se le veía venir cuando el cobarde felón se arrimó a los postulados radicales de una siniestra repugnante, con esa cara de panoli enriquecido por las mentiras de la política más rastrera de la que parece haber vivido a sueldo mercenario. No obstante es hermano de otro sucio de la izquierda como es el trilero Ángel, eterno comparsa de la delincuencia política que tan soberanamente ejerce el PSOE previa aniquilación de la separación de poderes. Ambos hoy en día cómplices de genocidas.
Gabilondo, el pelota de la Corona durante la Transición se nos manifiesta antimonárquico dando por cerrada, ya quisiera el histrión, una etapa de cuarenta años. Iñaki no se dejó en el tintero toda la tinta guarra con que se describe en sus artículos o la saliva empozoñada con que lubrica sus pérfidas soflamas. España, mal le pese al vendido de puercos sueldos, es monárquica.
Su cuenta atrás se ha iniciado. En tanto con inveraz solemnidad despreciaba la legítima manifestación de las Víctimas del Terrorismo en su momento, a este le bailarán los otros-los satánicos-un Aurresku cuando se muera: para que se lleve inequívocamente el deshonor, la falsedad y la malignidad a la tumba.

 Ignacio Fernández Candela

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable Sergio Rico Ayala.
  • Finalidad  Moderar los comentarios. Responder las consultas.
  • Legitimación Su consentimiento.
  • Destinatarios  Sergio Rico Ayala.
  • Derechos Acceder, rectificar y suprimir los datos.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

error: DiarioAlicante.es: !Contenido Protegido!
DiarioAlicante.es 】» Este sitio web utiliza cookies para asegurarse de obtener la mejor experiencia en nuestro sitio web    Ver Más
Privacidad