Gustavo Sierra Fernández

Gustavo Sierra Fernández

Charlemos

Hoy nos iremos a Getafe, concretamente a Café El Violín, que como bien dice nuestro autor de hoy:

— Es un sitio muy literario y muy acogedor.

Es viernes. Lo que significa que hoy habrá concierto, que lástima que no hubiese sido domingo porque hubiese disfrutado con el cuentacuentos.

—¿Café mientras espera?

Me dice un camarero.

—Sí por favor.

Me deja la carta y se va.

Una carta amplia.

Imaginemos que estoy sentada en este Café, que casi me he decidido por el café que tomaré, y que acaba de llegar mi siguiente autor.

 

María: Hola Gustavo. Te felicito por el lugar elegido. Gustavo Sierra Fernández es tu nombre de escritor. ¿Podrías presentarte para que el lector te conozca un poco mejor?

Gustavo Sierra Fernández: Bien. Lo primero, siempre procuro firmar con mis dos apellidos, Sierra Fernández, no solo por tener en cuenta mi rama materna, tan importante como la otra, sino por evitar coincidencias con otro autor que se llama igual. Pero centrándonos en la pregunta en sí, puedo decirte que soy Doctor en Filosofía: hará algo así como tres años que defendí mi tesis, La formación de una cultura de la resistencia a través de la canción social, que es un estudio centrado en cómo influyeron las canciones de los cantautores en las postrimerías del régimen franquista sobre la población, o, al menos, manifestar que era eso lo que se pretendía. También fui colaborador en la revista literaria Tartarus, en donde tenía una sección dedicada a la ortografía y a la corrección; y, además, he publicado artículos de todo tipo en medios como Diario Folk y Nueva Tribuna. Y, finalmente, aunque no es un orgullo en sí, diré que estoy desempleado y lucho cada día por encontrar un hueco.

María: Sin duda alguna creo que ya tienes ese hueco. Siguiente pregunta. ¿Tienes una editorial? Y, ¿qué nos podrías contar sobre ella?

Gustavo Sierra F.: Libros Indie es una editorial pequeña, pero bastante digna, que busca, como dicen, publicar a autores noveles. Después de tantos rechazos de las grandes, de las buenas y de alguna mediocre, después del tan conocido “nuestros asesores desaconsejan su publicación, pero le animamos a que use nuestra plataforma para autoeditar”, de tener que rechazar ofertas de coedición muy dignas por falta de presupuesto y otras algo piratas que piensan que el autor es medio lelo o algo parecido, Luis, uno de los editores de Indie, se puso en contacto conmigo un Sábado por la mañana: la novela les había gustado, y me ofrecían su publicación sin coste alguno para mí. Creo que no existe la editorial perfecta, imagino, pero estoy bastante a gusto, aunque me gustaría un poco más de promoción por su parte, ya que lo estoy moviendo yo todo y no siempre se llega hasta donde se quiere. No me gustaría que me malinterpretes: entiendo que somos muchos y no pueden abarcar tanto como querrían.

María: Interesante respuesta. Esta pregunta es un tanto personal. ¿Cómo ha sido la experiencia como escritor?

Gustavo Sierra F.: Muy buena. Disto mucho de ventas monstruo, pero me enorgullece cuando la gente que se lo ha leído me comenta cuánto les ha gustado y que está muy bien. Una de las que más me impactó fue que “dejaba ganas de volverlo a leer”.

En cuanto a creador, es muy reconfortante ver cómo, en cierto sentido, cobran vida unos personajes que has ideado: cómo cobran sus tres dimensiones, como personas reales, al darles su propia personalidad y su registro, e ir resolviendo los problemas que te surgen al construir las tramas y los argumentos. Es casi mágico, aunque suene cursi: es crear tu propio universo con tus normas y tus leyes.

María: Un poco más abajo hablaremos de tu fantástica portada, ahora te preguntaré por la figura del corrector literario. Pienso que es fundamental en un libro porque el libro cuando pasa por las manos del corrector es cuando se puede llamar libro ¿Qué opinas Gustavo Sierra Fernández?

Gustavo Sierra F.: Que estoy de acuerdo. Tal vez suene a tirarse piedras contra mi propio tejado, pero nunca hay suficientes correcciones, y no hay nada que más rabia dé al autor que ver, una vez publicado el libro, una errata, por pequeña e imperceptible que sea, que, hasta entonces, pasó completamente desapercibida. Es como meterlo en la lavadora y quitarle impurezas o enmendar o mejorar otras cosas: para mí es muy semejante al trabajo de un pintor, que, una vez acabado el cuadro, piensa que se necesita una pincelada aquí, un elemento nuevo allá o, incluso, borrar algo que hasta entonces parecía estar bien. Nadie debería decir “tres revisiones y lo mando”: al menos se tendría que pasar un año entero revisando cada manuscrito y, si es posible, que alguien más lo lea.

María: ¿Algún proyecto futuro?

Gustavo Sierra F.: Así es. Mientras buscaba la editorial, surgió, a modo de spin-off, una novela: una especie de novela de amor que se entrelaza con una siniestra conspiración apocalíptica. Y, más tarde, otro spin-off de esta última, que, aunque también es una historia de amor, impera más el tono de crítica social y habla de la triste condición de muchas mujeres obligadas a prostituirse. Ambas están en período de revisión: ya he perdido la cuenta de cuántas llevo. Quiero asegurarme de que estén en condiciones óptimas.

Ahora nos centraremos en tu libro: “Billy, algo es algo”.

María: “Billy, algo es algo” es tu primer libro publicado. ¿Dentro de que género literario estaría incluido?

Gustavo Sierra F.: En términos generales, puedes catalogarlo de novela negra/ policíaca, pero es mucho más que eso. La dimensión de la historia del detective no es más que la excusa para hablar de una injusticia, como fueron las torturas cometidas por ciertos policías durante el franquismo. En este último sentido, podrías decir que es realismo social y, además, del siglo XXI.

María: ¿Qué nos podrías contar sobre este libro?

Gustavo Sierra F.: La idea surgió hace un tiempo, pero yo no la iba utilizar: mi pareja (también escritora, y antes que yo, dicho sea) quería escribir un libro sobre un asesino en serie, y yo propuse que el investigador o uno de ellos fuera un policía torturador franquista. La cosa se quedó ahí, pero tiempo después me acordé de la idea y comencé a escribir un relato corto; sin embargo, me iba pidiendo más, y ahí apareció una novela no demasiado extensa.

Es la historia de Guillermo Niño, un ex inspector de policía fanático y violento, que cree conocer la identidad de un asesino en serie que parece imitar los métodos de la brigada a la que pertenecía, mientras tiene que enfrentarse a una querella, precisamente por aquellas torturas, que va formándose inminente. Y, en medio de todo eso, le asaltan los recuerdos del pasado, lo que hizo y en qué estuvo involucrado, de manera que hay mucha utilización de flashbacks y simultáneo de escenas, así como de monólogo interior.

De esta manera, como te digo, el género policíaco me sirve como excusa para hablar de una injusticia y para dar a conocer un poco la historia reciente de España.

María: Te felicito por la portada, porque tanto tú como yo, coincidimos en que es magnífica. ¿Qué intentaste expresar a través de ella? Y también te haré esta pregunta porque tengo ganas de conocer al artista. ¿Quién ha sido el ilustrador/a?

Gustavo Sierra F.: El lector sagaz, ya solo por lo dicho en la pregunta anterior y por el nombre del protagonista, entenderá el sentido de esa portada, ya que el retrato es la foto que Ben Wittick tomó de William Henry McCarthy: un famoso pistolero más conocido como Billy El Niño. Cualquiera de este país que tenga un cierto conocimiento de historia reciente comprenderá el guiño. Dejémoslo aquí, porque, contrario a lo que pueda parecer, este libro no es acerca de “cierto hombre”, si bien el personaje está inspirado en él.

Así que esta foto fue una de las que mandé a la editorial para el diseño de portada, y Christian Pithalua fue el encargado de envolverlo en ese color llamativo, la tipografía del título estilo “Wanted” y poner ese fondo de tablones, respondiendo al aire western que yo buscaba. Lo supe hace poco, contacté con él y le felicité por su trabajo.

María: Enhorabuena porque disteis en el clavo. Sigamos preguntando. ¿A qué público va dirigido este libro?

Gustavo Sierra F.: Diré que a todo el que le guste leer una buena historia que le tenga atrapado en la butaca, que se pase de parada de tren, metro o autobús leyéndolo, que se pase el día pensando en lo que ha leído y en qué vendrá a continuación. Pero, muy especialmente, a dos tipos de personas: a aquellos que no conocen esta parte de la historia y les hace investigar, como me ha confesado más de una persona, y, también, a aquellos que sufrieron los abusos de unos psicópatas que se amparaban en la ley para dar rienda suelta a su sadismo criminal y que aspiran a tener un soplo de justicia. De ahí el “algo es algo”.

María: ¿Deseas contarnos algo que creas que es importante y se me olvidó preguntarte?

Gustavo Sierra F.: Sí. El otro día estuve hablando con mi amigo José Palacios, que también es escritor, sobre todo esto de la escritura, las editoriales, las revisiones y demás. Entonces me preguntó, sin mala fe en absoluto, si el libro puede calificarse de “político”. Sé que, actualmente, es un sello que ahuyenta a posibles lectores, aunque yo no me avergüence de que pueda acabar catalogado como tal. Pero diré la misma respuesta que le di a él: Si la condena a la tortura y la defensa de los derechos humanos te parecen política, entonces sí: Billy es un libro político, pero nadie encontrará nada más que eso.

Suelo decir que Guillermo Niño es un inspector franquista, pero hubiera dado igual si hubiera sido un policía del apartheid, un oficial de las SS o, por qué no, un agente de la Stasi. En una parte del libro, uno de los personajes dice «Si hubiéramos trabajado para Stalin en vez de para Franco, hubiéramos hecho lo mismo». Y creo que éste es el mensaje en que se tiene que leer el libro.

Defiendo sobre él que no tiene ni buenos ni malos exactamente, pero, sin lugar a duda, el lector acabará enamorándose del personaje de Marisa, la esposa de Guillermo, quien va comprendiendo algunas cosas. De hecho, su capítulo sigue siendo el que más me gusta. Estoy convencido de que se convertirá en el personaje favorito de muchísima gente.

Y, bueno, los títulos de los capítulos también tienen su gracia. No recuerdo en cuál fue, que me planteé titularlos con fragmentos de canciones y poemas que hubieran cantado cantautores contestatarios de los años 70. Así que, exceptuando dos, que son respectivamente de Barón Rojo y Nirvana, tienes canciones de Raimon, Lluís Llach, Adolfo Celdrán, Elisa Serna (a quien va dirigido el libro, ya que murió poco antes de que empezara a escribirlo y era amiga mía), Luis Pastor, Pi de la Serra, etc. Están citados todos al final del libro.

Y no sé qué más contarte.

María: ¿Dónde se puede comprar tu libro?

Gustavo Sierra F.: Hay tres formas directas por internet: una es a través de la editorial, Libros Indie S.L., otra mediante Casa del Libro, y la tercera a través de Amazon. A parte de eso, consta en el catálogo de varias librerías distribuidas por casi todo el país. Me gustaría animar a la gente a que lo consiguiera pidiéndolo a través de este último medio: apoyar a las librerías de barrio me parece fundamental, que no están ahí solo para cuando empieza la vuelta al cole.

https://librosindie.com/producto/billy/

https://www.casadellibro.com/libro-billy-algo-es-algo/9788417721497/9671593

https://www.amazon.es/BILLY-ALGO-Gustavo-Sierra-Fern%C3%A1ndez/dp/8417721495

 

María: Me gustaría que te despidieses de nosotros con alguna frase o párrafo de tu libro.

Gustavo Sierra F.: Hay una hacia el final; naturalmente, no revelaré el escenario ni el contexto en el que se produce:

«Yo soy su hijo: el hijo que tuvo de follarse a la violencia día y noche»

 

Espero que hayáis disfrutado conociendo a este autor y estéis apuntado “Billy, algo es algo” como vuestra próxima lectura.

Hasta la próxima semana.

Conociendo al autor. Conversaciones.

María Torres.

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