Equilibrado VOX frente a la demente  alta traición de Pedro Sánchez

Equilibrado VOX frente a la demente  alta traición de Pedro Sánchez

Equilibrado VOX frente a la demente  alta traición de Pedro Sánchez

Ana Rosa Quintana, Julio Anguita, Jorge Vestringe, Joaquín Leguina y un largo etcétera de profesionales y políticos de izquierda convienen en afirmar que VOX no es un partido de ultraderecha o fascista. En todo caso es un partido español frente a otro sectarismo tabernario que impera en la izquierda radical con el impulso traidor del PSOE sanchista. Los mismos socialistas no abstraídos por la malicia y el arribismo de Pedro Sánchez, advierten sobre la deriva suicida que ha tomado el enfermo mental que preside en funciones España.

El discurso de Santiago Abascal y su equipo, con el exponencial héroe Ortega Lara es único y en él pueden verse reflejados muchos que todavía al día de hoy sienten algún tipo de complejo por identificar a Vox con ideología radical. Nada más lejos de la verdad, la legítima, fuera de la manipulación constante de las rémoras de los medios de comunicación que han pretendido falsear la identidad como partido.  Reivindicar una España solidaria es una necesidad frente al abismo que se abre de cara todos los ciudadanos, hartos de corrupción política cuyo máximo exponente ha resultado ser el nombramiento de un presidente ilegítimo ya sea por secuestro de la soberanía nacional o la sospecha de un fraude electoral: un Pedro Sánchez oportunista y rastrero que nadie votó en principio y que se dispone a poner patas arribas el país a imagen y semejanza de como lo provocó el nefasto y maldito donde vaya,  Rodríguez Zapatero.

Vox no conlleva ninguna radicalidad que no sea la reivindicación del sentido común frente a la canallesca manipulación de las problemáticas sociales. Ocupa el espacio necesario para que muchos puedan reconocerse en la legitimidad democrática que un sistema injusto les ha arrebatado. Sus manifestaciones no concitan la atención de radicales sino de ciudadanos con hogar patrio, como en cualquier lugar del mundo, en el que incluso siempre tuvieron derecho a convivencia cuantos pretenden quebrarla, para conseguir ambiciones espurias y miserables, diversificadas según la ralea moral de los depredadores que las pretenden.

Fernando Sánchez Dragó ha hecho un llamamiento para que resistan las embestidas de la extrema demagogia impuesta en los medios afines a la manipulación goebbeliana. No le falta razón. Vox es un partido de tenaz resistencia, llamado a influir sobre la sociedad con la lógica de la defensa de una España triturada por la casta política. Vindica sociedad y busca garantizar los derechos constitucionales claramente vulnerados por la injerencia del sectarismo. No es casualidad que sus muchos enemigos, los insaciables buitres y serpientes del panorama político y sus adláteres, lo etiqueten de extremista no existiendo mayores extremos inmundos que muchos de sus enemigos declarados.

En España ser partidario de hacer país con Historia, defender los valores éticos y morales, respetar la libertad religiosa y la libertad de pensamiento; mirar por lo nuestro antes de dispersarnos absurdamente con la atención por el resto; cuidar de los niños, de las  generaciones e incentivar la tradición cultural; la solidaridad, el afán constructivo y unificador, defender a las víctimas frente a los verdugos, anteponer la vida al capricho destructivo de la muerte; respetar y demandar que respeten lo de todos, la igualdad real, la paz, es propio de fascistas, de ultras y totalitarios… No intentemos comprender que Satanás llame Satanás a los enviados de Dios, como decía Jesús, sobre todo en este tiempo en que una horda de seres sucios, tan multiplicados por el mundo, financiados por diablos como Soros, planta tanta inmundicia con apariencia de justicia y reivindicación. Afortunados hemos de considerarnos si con la preclara conciencia de la equidad, observamos dónde están los oportunistas y la escoria de la Tierra, la raza de víboras del siglo XXI, los cínicos esbirros de una malignidad normalizada que intenta devorar-a contra natura- todo lo contrario a su dogma de manipulación destructiva. En España no iba a ser distinto con los antecedentes de monstruosidad con que los mismos de siempre pretenden reescribir una Historia tergiversada.

Vox no es ultraderecha, sus partidarios son personas corrientes con el común denominador de que saben distinguir la nobleza de las causas justas, frente al artificio repulsivo de los que excusan el ideal para robar impunemente lo que pertenece a todos. En otro país los enemigos que amenazan al colectivo estarían prohibidos y condenados, salvo en esta España sobrepasada de parásitos con la aquiescencia del sectarismo y la hipocresía generalizados.

Los otros son la ultraizquierda que convierte en extremos a los normales.  Solo los de conciencia sana pueden escandalizarse del engaño populista de esta manada carroñera conjunta que busca intereses dispares a costa de saquear el patrimonio. El posicionamiento político de Vox, tildado falsamente de ultraderecha, es una reacción de defensa coherente ante la expansión de la radicalidad en la sociedad. Y alguien tenía que ejercer la réplica ante este destrozo consentido. Desde la demagogia y la manipulación con el objetivo de desintegrar la identidad española, la izquierda busca alimentar codicias dispersas dañando el conjunto de la convivencia y disfrazándose de reivindicación política. Si obviáramos las siglas solo tendríamos parásitos que en cualquier país supondrían un problema para la estabilidad y el consenso generoso que hacen posible la convivencia de un pueblo.

Porque no hay reivindicación en alguna izquierda salvo como pretexto para apoderarse de los recursos del conjunto social. No hay valores ni creencias, solo el objetivo de poder abusivo, almas tóxicas,  delincuentes que usan la tibieza de la ley para imponer su mugre totalitaria intentando amedrentar a los que no comparten sus avaricias. Vox es la excepción cuando enfrenta la cobardía de los subordinados a estos excesos de maldad y manipulación, resiste contra la falsedad de los ruines y proclama un discurso de libertad inequívoco y concluyente.

Las numerosas manifestaciones que eran preludio de éxito electoral fueron una llamada a la coherencia y la exigencia de que la soberanía popular eligiera a un presidente de España en condiciones democráticas no excluyentes. Vox representa ahora la natural tendencia de un país que reclama la libertad y la democracia, el derecho inalienable de ser y estar, además de votar representantes y un Gobierno para España y no contra ella.

El cometido de reivindicar los valores inherentes al común beneficio de la totalidad no es un ejercicio de ideología ultra, sino un derecho que otros pretenden hacer pasar por pensamiento totalitario. Y nada más lejos de la verdad porque Vox siendo el partido representativo de la defensa de España, marcha a contracorriente de la maldad justificada, del relativismo moral, la codicia y la ambición desmedida; rechaza la insensatez, el latrocinio consentido-es mucho más lo saqueado ocultamente  que lo enjuiciado- de la casta política y la invasión de una corriente de destrucción que nos obliga a no quedarnos impasibles, empezando por reivindicar, exigir con la mayor consciencia del Derecho Constitucional que nos asiste. El traidor Pedro Sánchez no podía tener mejor oposición frente a sus maniobras de histórica alta traición.

Ignacio Fernández Candela

 

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