En una verdadera democracia Pedro Sánchez sería juzgado

En una verdadera democracia Pedro Sánchez sería juzgado

En una verdadera democracia Pedro Sánchez sería juzgado

Parece mentira que en el apogeo de tantas victorias acumuladas durante cuarenta años, España esté descubriendo que su lucidez constitucional fue poca, acaso un espejismo de ingenio conjunto que unos seres despreciables, mediante el pretexto político, han convertido en un fracaso colectivo.

La generación de indeseables y fulleros Pedro Sánchez, Garzón, Monedero e Iglesias, entre tantos, da cuenta de la aberración en que se ha convertido lo que creíamos una democracia consolidada.

La Constitución creó las futuribles debilidades por donde el enemigo de la integración ha abierto brecha con ayuda de un traidor que habrá de penar en el infierno su enferma codicia y la rutina del juego sucio.

Podredumbre moral: eso va quedando de los triunfos y las glorias de los ciudadanos que forjaron un gran país para ser destrozado después del paso de un facineroso sin honra que un día ocupó La Moncloa para no descabalgarse del ya maldito Falcón.

Una sociedad pujante venida a menos por su rutinaria absurdez, permeable a la estupidez ideológica del mal llamado progresismo,  y lastimosa ingenuidad a la que se ha engañado con la burda patraña de la memoria histórica y el más ruin de los engaños revanchistas.

Un embustero, un estafador sin conciencia, un ególatra ridículo y repugnante, un paria miserable que en otras condiciones habría sido rechazado en cualquier asociación regida por firmes principios morales, es el principal desestabilizador que ha aprovechado en su propio interés los recursos del Estado, dejando a todos sus componentes presas de una manipulación que puede costar la paz social.

La miserable canallada golpista, y no hablo de los tumultos independentistas  en Cataluña, perpetrada por Pedro Sánchez en perjuicio del Estado de Derecho, desde que engañó con la moción de censura contra Mariano Rajoy-secuestrando la soberanía popular para convertirla en víctima de las más rastreras especulaciones personales, aprovechando el juego sucio de la política más barriobajera-, habla de la enfermedad crónica que aqueja a una democracia mal entendida para favorecer los más bajos instintos de la delicuescencia sectaria y tabernaria, con el objetivo de finiquitar el consenso que posibilitó cuarenta años de convivencia pacífica.

Con las negras sombras en lontananza de una tormenta propiciada por beligerancias dispares, con el mismo propósito de desestructurar al Estado español, no es aventurado advertir que estamos a merced de los caprichos maliciosos de una horda de estafadores dispuesta a sacar tajada de la disensión, la desintegración y el revanchismo, enfrentando a la sociedad y tildando de fascismo a todo aquello que defienda cuarenta años de progreso surgidos del perdón colectivo, la oportunidad del progreso y el trabajo conjunto para construir un país próspero y con garantías.

Logros de millones de personas que un execrable ser surgido de la inestabilidad psíquica y el enfermizo ego propio de iluminados sin conciencia, está a punto de precipitar con tal de contentar su carencia de escrúpulos y amoralidad en que se basa su proyecto de psicopatía política.

En una democracia sin remilgos, capaz de protegerse de los impulsos delictivos de oportunistas sin moral, Pedro Sánchez habría sido puesto a disposición judicial por vulnerar los derechos constitucionales, engañar con premeditación con el fin de implosionar las instituciones, los pilares básicos de la construcción social.

Porque golpismo es lo que ha ejercido el marrullero más inmundo que jamás se conoció en política, quien no ha dudado en abrir la caja de Pandora para adentrarnos en una etapa de incertidumbre que podría conducir a una sociedad vital y moderna como la española a los ignominiosos trances del conflicto civil.

Y no sería casualidad que tan apestosos pescadores a río revuelto siguiesen un programa de destrucción democrática, rompiendo el equilibrio ideológico, la libertad de expresión y culto y cuantas provocaciones busquen para justificar una ofensiva estafadora que se diseña impunemente desde La Moncloa ocupada; ya sea con secuestro de la soberanía popular o con pucherazo.

De juego limpio no ha habido nada desde que Pedro Sánchez timó al PSOE en primarias. Y este estafador sigue impune plantificando una estafa que en nada difiere del delito común.

Flaco favor se hace la democracia cuando no sabe defenderse de sus depredadores más viles.

Ignacio Fernández Candela

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