El Partido Popular se la juega con VOX en la moción de censura

El Partido Popular se la juega con VOX en la moción de censura

El Partido Popular se la juega con VOX en la moción de censura

El PP es ajeno al desbordamiento de las paciencias de una ciudadanía estupefacta e indignada que padece la indefensión promovida por la incapacidad de la Oposición. A estas alturas de la tragedia, la del asesinato de nuestros padres y el aprovechamiento de la pandemia para politizar el dolor con una estrategia previa de eutanasia convertida en genocidio, Pablo Casado debería comprender que no se puede servir a Dios y a Satanás según soplen los vientos al albur del oportunismo. No se puede poner en riesgo la existencia de los ciudadanos por rastreras conveniencias de cálculo electoral y ciertos complejos políticos que aprovecha el sanchismo, con vía libre para continuar una carrera criminal que inició el trepa de saunas gay con engaño al electorado, sin cortapisas, incluso demostrando ya el carácter golpista que nos abisma en inciertos derroteros posiblemente guerracivilistas.

España se tiene ganas por ese odio despertado por el repulsivo zETAp que los miserables recientes han reavivado con las continuas provocaciones. Afrentas que podrían golpearlos con virulencia, y a modo de bumerán, pagando en sus propias carnes políticas el precio de una traición imperdonable para millones de ciudadanos asqueados y ávidos de Justicia. No obstante hay un antes y un después en la valoración de la vida, cuando son decenas de miles de inocentes los ajusticiados en aras de rentabilizar política y personalmente esta masacre magnificada.

Después del genocidio ocultado, la vida de los causantes de tanto mal carece de importancia para millones de damnificados. Importan una mierda vivos o muertos en ese antes y el después de este cambio drástico de la percepción de los culpables identificados, responsables ineptos y chulescos de un homicidio en masa y seguramente premeditado.

¿Saben estos ajenos al dolor del PP qué se siente cuando matan protocolariamente a un padre que no se pudo velar y enterrado en soledad? ASCO visceral. ¿Hasta qué punto? Por lo que me atañe me importan tres mierdas la vida de los hijos de los marqueses de Galapagar que asesinaron a mi Padre y al de mi mujer junto a decenas de miles de personas exterminadas, más allá de los efectos del coronavirus,  por mamarrachos sin conciencia ni moral. Pero sí me importa visceralmente que los asalariados del narcotráfico, miserables vivos, lleven en coche oficial a esos vástagos acometidos repentinamente por flatulencias paternales que apestan en tan hipócritas abortistas. Me dan asco y los considero responsables de la maldad que padecemos, dando por cierto que en el hartazgo de la ciudadanía se conviertan un día no lejano en blanco de la ira popular, cuando los vean desfilar por los juzgados si fracasan en las intenciones golpistas. Como debería desfilar en pleno este desgobierno criminal que ha comprado hasta a las agencias de prensa para mentir sobre las escalofriantes cifras de asesinados, del paro y de la situación económica de ruina absoluta.

Los mismos que destrozan la hasta hace poco pujante España en este siglo XXI cuando proliferan, literalmente, huestes del Diablo, son quienes alaban la podredumbre totalitaria de Largo Caballero y el pistolero Indalecio Prieto que pretendieron el exterminio de media España obligándola a defenderse de las hordas frentepopulistas. ¿Qué dignidad tiene la que hablaba con alcaldes en bragas y era consejera del prostíbulo socialistoide de la Andalucía de los ERE, reivindicando asesinos frentepopulistas, que no republicanos, de la pre Guerra Civil? Asqueante la poyato. Los mismos criminales sospechosos de múltiples delitos, incluido el de lesa humanidad, son los que se impulsan sin limites en el golpismo declarado, gracias a la tibieza y ambigüedad de un miserable Partido Popular que da cuerda a cuantos arruinan sin freno cuarenta años de sólida democracia. Y esto pasará factura a los cobardes al acecho de sacar rédito de este tsunami de estafa gubernamental que arrasará con cuantos han abandonado a la suerte de la impotencia a este Pueblo español en efervescencia que podría conllevar una sublevación generalizada.
Porque ni Pablo Casado ni el Partido Popular son conscientes de la rabia que bulle en las calles, de la caótica situación de una España que aborrece al desgobierno criminal de estos delincuentes comunes tras siglas políticas. No captan la irascible náusea de las victimas ingentes, de un pueblo hastiado que observa a los depredadores de sus vidas, de sus economías, familias y salud, con esa repugnancia implícita que inspiran los majaderos y criminales largo tiempo soportados cuyo maleante principal ocupa, por secuestro de nuestra nación, la depreciada Moncloa.
No siendo conscientes de que son cómplices por omisión de criminales, será la moción de censura de VOX los que los retrate junto al infecto partido de la carroña oportunista que es ya Ciudadanos que ha subvertido la poca dignidad que le restaba para prostituirse en el lupanar social comunista carente de higiene moral, futuro reo del que se pedirá, figuradamente, ajusticiamiento en plaza pública. Y a ese cadalso subirá esta pandilla de dóciles correligionarios del doctor cum fraude, del chulo e inmundo genocida, ese Partido Popular que será dejado en evidencia cuando respalde la continuidad delictiva del golpismo monclovita, en el vano intento de atraer votantes endureciendo el discurso contra Santiago Abascal y sus diligentes compañeros de filas.
Se equivoca el Partido Popular no sabiendo distinguir a los verdaderos enemigos de la democracia y la Constitución y sentenciará su futuro si continúa alineado en esa ambigua posición que apesta a complicidad estratégica y que favorece al desgobierno criminal.
Obligado a pronunciarse tras los taxativos argumentos de la moción de censura, Pablo Casado se juega el futuro del PP; tal y como sucedió con Albert Rivera cuyo electorado no perdonó el difuso juego sucio de oportunismo al que la vendida Inés Arrimadas ha dado continuidad. De la caída a la extinción hay un solo paso: el de electores que hartos de colaboracionistas apuesten masivamente por Santiago Abascal. Y a este vergonzoso ritmo el fracasado presidente de los populares lo conseguirá.
Veremos quién es quién tras la moción de censura. Con las paciencias rebosadas y muy atentamente.

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