EL CASO DE LA MANADA EVIDENCIA QUE LA LEY ES LA RAZÓN DESPROVISTA DE PASIONES

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EL CASO DE LA MANADA EVIDENCIA QUE LA LEY ES LA RAZÓN DESPROVISTA DE PASIONES
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Articulo por nuestra Colaboradora: Yolanda cabezuelo arenas

He tenido que leerme la sentencia de La Manada, folio a folio, antes de opinar; y como solo tengo unas ligeras nociones de derecho, he consultado con los profesionales que han tenido a bien aclarar mis dudas, por no escribir alguno de los muchos disparates jurídicos que estoy leyendo en prensa y redes sociales; porque con esta sentencia se está repitiendo lo que ocurrió el verano pasado con Juana Rivas: que la gente se mete a defender al condenado como si entendiera más que los propios jueces.

Y es más: se sale a la calle en concentración de multitudes para protestar en contra de los jueces, cuando lo que han hecho en el caso de La Manada, como en cualquier otro, es aplicar la ley vigente.

La sentencia no parte de un criterio particular, sino de un procedimiento durante el cual se ha contado con profesionales para analizar los hechos. Teniendo en cuenta ésto se ve más claro que una cosa es la percepción que podamos tener sobre los juzgados, y otra criticar la labor del juez que debe seguir un procedimiento legalmente establecido y llegar a un veredicto en base a los hechos probados.

Esta sentencia es otro ejemplo de que el derecho penal está en continuo cambio, y por tanto tiene que actualizarse; porque juzga conductas, pero al fin y al cabo juzga a personas.

Esto es la garantía de que España es un país democrático: un país libre y seguro donde no existe un derecho preventivo, sino punitivo. En derecho penal el Estado no puede ir por delante de la mente del delincuente; de ser así no estaríamos en un Estado de derecho, sino en uno represor, opresor, controlador… Totalitarismo, dictadura y fascismo.

Con el Código Penal en la mano, el juez debe decidir qué calificativo legal aplica en cada caso: violencia sexual si es impuesto por la fuerza, y abuso sexual si no ha existido -o no hay constancia- de esta imposición.

El juez es, además, el único capacitado para llevar a cabo esta labor; si se critica  una decisión judicial se atenta gravemente contra el Estado de derecho; y se dirige la crítica hacia una figura que no promulga las leyes: simplemente se encarga de hacer cumplir las que sean vigentes.

Como el respeto a la ley se venga abajo, la sociedad se viene abajo. El sentido de la ley es crear  las normas privadas que rigen a todos los ciudadanos; que facilitan la convivencia y vivir en cierta paz y tranquilidad. La ley es más de acuerdo, de consenso.

La ley es la razón desprovista de pasiones, y por tanto la sentencia de La Manada puede no ser justa, pero desde luego es jurídicamente brillante, de las que pasan a ser estudiadas en la carrera de Derecho.

Otra cosa es exigir que se promulguen leyes en la línea de la forma de pensar de cada uno; y esto conduce a criticar la aplicación de las leyes vigentes si no interesan a determinados criterios particulares o colectivos; y precisamente la repercusión que ha tenido en la sociedad este caso de La Manada conduce a una reflexión mucho más seria que la sentencia: nos creemos más preparados que los jueces para calibrar la gravedad de un delito; si éste existe o no existe, y sobre todo en qué grado son los acusados culpables o inocentes.

Estas son las consecuencias de los casos mediáticos: todos juzgamos de forma paralela. Quienes opinamos públicamente tendemos a presentar los hechos según nuestro particular punto de vista, que no es jurídico.

Personalmente puedo ejercer mi libertad de expresión para decir que hechos como el de La Manada vienen de que en los últimos años se viene promulgando, difundiendo y proclamando anteponer a todo el derecho a elegir; la idea de que cada uno es dueño de sí mismo; que todo lo anterior era antinatural y represor y que ahora todo es bueno; todo es tolerable; todo debe ser permitido porque la libertad personal es lo primero.

Diciendo ésto puede ser que el ejercicio de mi libertad de expresion conduzca a alguna reflexión constructiva acerca de en qué nos estamos convirtiendo; pero no puedo criticar la decisión de los jueces ni pretender que mi opinión influya en la jurisprudencia, porque eso sería absolutamente ridículo.

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