EL ABRAZO DE LA VERGÜENZA

EL ABRAZO DE LA VERGÜENZA

EL ABRAZO DE LA VERGÜENZA

Acabábamos de ver un ejercicio de coherencia por parte de Albert Rivera al presentar su dimisión, y además acabábamos de escuchar que aparte de las razones políticas le movía el hecho de haber sido educado por sus padres y profesores para obrar conforme a la integridad propia de un hombre que se vista por los pies; y apenas presenciar este episodio sin precedentes ha venido a herirnos la vista la imagen indecente del abrazo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias: una imagen soez; casi pornográfica; brutal contraste entre la integridad de la que hablaba hace un momento y la total ausencia de escrúpulos personales y políticos.

Rivera renuncia a tomar el Acta de diputado, y con ello a todos los privilegios que comporta incluyendo la paga vitalicia. Quería demostrar que su interés en política no ha sido nunca llenarse los bolsillos, pero aparte ha demostrado tener muy presente uno de los principios elementales por los que se rige cualquier persona de bien: el no abusar; no chupar de los españoles aun cuando esta absurda organización política nuestra permitiría que lo hiciera alegremente. ¿Cómo no hablar de contrastes? El ejemplo de Rivera vuelve la imagen del abrazo todavía más repugnante, porque evidencia con qué desfachatez  están dispuestos a venderse como putas repintadas.

Por lo visto no nos cansamos de que abusen. No nos cansamos de mantener un fantoche que no sirve más que para subirse al Falcón y para bajarse los pantalones ante un impresentable de extrema izquierda con más tonterías que el ropero de un indio. No quería darle un Ministerio y lo hace vicepresidente, que manda narices… Cualquier cosa menos renunciar a seguir chupando del bote. El mensaje a los españoles, sin paja decorativa, está claro: le habéis votado cuatro gatos porque estáis de Unidas Podemos hasta las narices, pero os lo vais a comer con patatas.

Lo único que me consuela es pensar en la quina que habrá tragado Sánchez viendo que su no poder dormir se queda en agua de borrajas, porque no tiene que ser plato de gusto venderse tan barato y que encima quede constancia gráfica del momento: los dos egos más grandes del Reino de España fundidos en el abrazo que evidencia su mutua y absoluta falta de vergüenza.

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