Economía y Pandemia

Economía y Pandemia

Economía y Pandemia

Sería deseable que después de la pandemia que ha asolado a la humanidad los países se propusieran construir un mundo mejor. Es el deseo y la exigencia que expresan las personas más visionarias y calificadas de la política, la economía, la ciencia y otras actividades.
Sin embargo, mucho nos tememos que lo que prospere sean las malas prácticas del pasado, como puede derivarse de los ingentes recursos que ya han dispuesto Estados Unidos y algunos gobiernos europeos para recuperar sus economías, fomentar el consumo y recuperar el orden económico y social preexistente. Con poca voluntad de destinar gastos para acelerar, por ejemplo, el cambio de sus matrices energéticas, frenar el consumismo insensato y lograr mayor equidad en las relaciones internas e internacionales. De las noticias que recibimos, pareciera que la mayor urgencia de algunos líderes mundiales es fortalecer los sistemas bancarios, salvar a las grandes empresas y, en general, volver a la vida que antes llevaban sus habitantes.
En todas las latitudes el comportamiento de los gobiernos tiene semejanzas. Hemos tenido la oportunidad de comprobar, una vez más, la insolvencia moral de los  poderosos empresarios. Afanados ahora  en obtener ventajas de la pandemia.
Los países percibe nuevamente la mezquindad de los llamados “hombres de negocios”, su fría disposición a despedir masivamente a los trabajadores y, más encima, apelar a las autoridades públicas para obtener créditos y bonificaciones para salvar sus inversiones y peculio personal, toda vez que no han mostrado disposición siquiera a un impuesto patrimonial para que el Estado pueda asistir a las víctimas de la pandemia.
Es obvio, además, que la educación deberá retornar al control del Estado para ponerle fin a las inequidades en la formación de nuestros niños y jóvenes, garantizando para todos el cumplimiento de uno de los más elementales derechos humanos. Se deberá, por supuesto, terminar con aquellos establecimientos que, para colmo, se benefician de asignaciones fiscales, así como acabar con el sistema de créditos con “aval del Estado” para estudiar en las universidades. Una práctica que le permite a la banca recibir ingentes utilidades sin correr riesgo alguno por estas operaciones.
De allí la necesidad de que el pueblo se mantenga alerta y disponible a reeditar el estado de malestar y movilización para conseguir las demandas pendientes. Además de proponerse la construcción institucional de una democracia genuina, con más injerencia del pueblo en la toma de decisiones,  como en la urgentísima recuperación de un medio ambiente tan altamente deteriorado por la voracidad empresarial y la criminal condescendencia de la abyecta clase política.
  • Artículo Opinión Jesús Antonio Fernández Olmedo.

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