Dimisión de Pedro Sánchez o destrucción del país

Dimisión de Pedro Sánchez o destrucción del país

Dimisión de Pedro Sánchez o destrucción del país

Más de cuatro mil muertos y casi sesenta mil contagiados, en curva de ascenso. Asesinos los llaman. Jamás un gobierno de nuestra democracia ha encadenado tantas aberraciones  convirtiendo la institución en una vergüenza con tintes delictivos. La última ha sido la adquisición de test defectuosos y no homologados que ha multiplicado el contagio de numerosos guardias civiles y policías nacionales. En cualquier país solo por esto dimite cualquier mal gobernante con un mínimo de vergüenza. Lidera una gestión de ineptos  que juegan frívola y chapuceramente con la vida de decenas de españoles. Acabará imputado.

La expulsión del causante de eta pesadilla o la desintegración en todo aspecto del país es la disyuntiva apremiante que hay que dirimir, antes de proseguir esta marcha hacia un laberinto de peores consecuencias que el propio mal de la pandemia. El grueso de la amenazada ciudadanía debería enmendar los errores y sacudirse a cuantos han perjudicado visceralmente la supervivencia del país. Que se pretenda tomar medidas jurídicas no basta ahora, antes bien es apremiante que cese este encadenamiento de despropósitos asesinos. Hay que plantarse decididamente y proclamar un “basta ya” de urgente salvación. Basta porque se ha permitido que una ralea de estafadores, delincuentes de la política, engañaran durante años hasta desembocar ahora en una crisis humanitaria que amenaza la subsistencia elemental. En la nefasta y oscurantista gestión gubernamental recae la verdadera gravedad de la pandemia que estamos padeciendo, con el desgobierno de Pedro Sánchez y la inepcia criminal de sus secuaces.

Podemos está en la cuerda floja si se demuestra su relación con Maduro. La administración Trump ha decidido arremeter contra el narcogobierno venezolano, brindando quince millones de dólares a quien traicione al tirano para facilitar su caída. Si la narco Venezuela  cae, no será raro que afloren las influencias delictivas de los podemitas, cómplices de gobierno tabernario con Sánchez, pues ciertamente se vislumbran los trapos sucios de quienes se nutrieron del narcotráfico para llegar al poder en España, acaso facilitando el camino suciamente al presidente; de ahí las numerosas concesiones de quien se sospecha rehén de múltiples delitos encubiertos.

Es tiempo para reaccionar cuando se ha demostrado que la miseria moral del PSOE está llevando a España más allá del estrago causado por una plaga contra la que batalla el mundo; aquí se permanece en inferioridad de condiciones incapaces de dirigir los responsables  una emergencia sanitaria de este calibre, encajando los ciudadanos, brutalmente  diezmados,  peores daños por la incompetencia de un nefasto equipo de gobierno absolutamente prescindible.  Con la continuidad de Pedro Sánchez nos abismamos hacia una tragedia sin límite, representada en los numerosos ministerios que se están descubriendo criminalmente inoperantes. La manipulación de esta izquierda fullera ha quedado definitivamente en evidencia y carece de mínima credibilidad, así lo intenten ocultar los voceros que defienden actitudes delictivas sin límite en la desvergüenza, la mentira y la manipulación.

No puede jugarse más con la seguridad de millones de personas a expensas de los caprichos de la demagogia más miserable. El riesgo que se asume ahora es de tal envergadura que urge tomar una decisión drástica de cambio antes de que este horizonte negro , a donde nos dirigen unos trastornados del sectarismo, sea absolutamente irreversible.

Demasiados muertos, en contraste con otros países de mayor densidad de población, son la trágica evidencia del carácter criminal y la inepcia de un Pedro Sánchez con antecedentes de fullero antes de esta tragedia.  El problema de España es el PSOE sanchista y la traición podemita que no pueden permitirse los ciudadanos, cuando todavía hay tiempo para modificar los factores de peligrosidad incrementados por la inquietante inutilidad de un gobierno sobrepasado. Urge un cambio drástico que deje fuera de responsabilidades a quien dirige esta hecatombe;  y digo bien que dirige una catástrofe más allá de los perjuicios del coronavirus, porque en ningún país afectado existen más dañinos cómplices de semejante destrucción con un Pedro Sánchez que debería abandonar la presidencia para que un gobierno de concentración, aconsejado por expertos y no manipuladores de baja estofa a sueldo de la mafia sanchista, incluido el del CIS, salve esta situación que puede precipitarnos a una tragedia mayor que la propia incidencia del virus mortal.

Ignacio Fernández Candela

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