Conspiranoicos de la pandemia o no

Conspiranoicos de la pandemia o no

Conspiranoicos de la pandemia o no

 Ayer fui testigo de la manifestación en la Plaza de Colón contra el uso esclavizador de las mascarillas. No se puede estar al margen de los acontecimientos cuando además existe el compromiso visceral que radica en la muerte de mi Padre-D. Pedro Fernández Labrador- a manos de la incompetencia y de la criminalidad de este desgobierno sanchista, culpable del agravamiento de la Covid 19 con la artificiosa expansión del virus aquel fatídico 8 de marzo en que los coños descerebrados provocaron la muerte de decenas de miles de inocentes. Perdí a mi Padre el 29 de marzo: de su casa a diálisis en el Hospital Gómez Ulla y confinado con infectados, él no lo estaba, a la tumba. Fue asesinado-protocolariamente bajo la premisa de la politización del dolor-sin poder velarlo y enterrado en soledad, del mismo modo que fue enterrado y sin despedida el padre de mi mujer que falleció el 22 de abril en una residencia-trampa de Guadalajara con los sanitarios aterrorizados, impotentes y abandonados a la suerte de la Parca.

 Son dos golpes simultáneos que nos han marcado de por vida. La experiencia práctica de la tragedia es un compromiso ineludible de afectación propia, más allá de la protesta, para buscar que los culpables del genocidio de decenas de miles de personas, toda una generación constructiva de una España irrepetible, lo paguen con penas carcelarias. Por eso estaré allí donde se condene públicamente a los asesinos de nuestros padres.

 Quizá no era objetivo con mi presencia en la manifestación del 16 de agosto espoleada por Miguel Bosé, Josep Pamies y otros abanderados de la resistencia contra el Nuevo Orden Mundial, pero hay que vivir estos tiempos de cerca y conocer de primera mano a los factores influyentes de esta batalla por la verdad que al día de hoy nadie, desgraciadamente,  puede liderar.

 Es paradójico que este mundo inmerso en revelaciones, pleno de conspiracionistas y, por ende, tantas conspiraciones, esté lejos de saber la verdad que verdaderamente influye el devenir de los acontecimientos, tomando la ignorancia como arma de destrucción social en este uso torticero de una pandemia que unos afirman formar parte de una guerra bacteriológica y otros del terrible efecto de la naturaleza actuando a través de un virus semejante a la gripe española de los inicios del siglo XX. Lo único certero desde el desconocimiento y la imprecisión es que el crimen de lesa humanidad ya fue cometido en la anterior oleada de coronavirus. La otra certeza, desde la inexactitud de las múltiples manipulaciones que responden a intereses muy dispares y contrapuestos, es que se está usando a los ciudadanos como cobayas, arriesgando sus vidas que se entregan por las ideas y no por la información porque es imposible conocer qué sucede a nuestro alrededor. Ayer asistí a la insensata fe de algunos desenmascarados cuando, en realidad, no deberían defenderse, con el riesgo de perder la salud, las ideas que podrían ser equívocas o, en su defecto, parcialmente discutibles. La desinformación obliga a patentar socialmente propias ideas en el intento de averiguar cuáles son las verdaderas intenciones de los gobernantes, sospechosos de ocultar las primeras voluntades que parecen ir en contra de la población. La verdad de esto, sin embargo, está por conocerse al albur de los próximos acontecimientos que pueden dar o quitar, trágicamente, las muchas razones de la duda.

 Desde el razonamiento de la prudencia puede censurarse la disposición a la rebeldía cuando está en juego la supervivencia social, pero no se puede culpar a los que se rebelan contra esta nueva normalidad que se pretende-mascarilla, distancia social, hidrogel, PCR; conminación por la salud pública contra los sospechosos de contagiar- porque es innegable que la clase política más rastrera está aprovechando la coyuntura para imponer un recorte de derechos y  libertades ya  severamente cercenados.

 La vida nos demuestra, así pase el tiempo y las generaciones, que no existe una realidad axiomática y con la ambigüedad se ha afianzado una corriente de negacionismo que es inherente a la desconfianza que brindan aquellos que han demostrado la inepcia en la gestión sanitaria y la rastrera estrategia del oportunismo para cumplir una agenda de destrucción, con tintes golpìstas, desde las propias entrañas institucionales del país. En otros países cada gobernante es sospechoso de contribuir a una farsa que incluye medidas totalitarias en la línea de la conspiración NOM.

 En esta línea de denuncia es encomiable el afán sacrificado de los denominados Médicos por la Verdad. No han de cejar en el empeño aquellos profesionales sanitarios que han dedicado sus esfuerzos más abnegados a advertir sobre los muchos engaños que se esconden tras una alarma sanitaria que debería estar justificada en la justa medida de los efectos, sin alarmismos artificiosos que buscan otros objetivos malsanos usando a la sociedad como cabeza de turco, culpándola de irresponsabilidad que vaya a justificar próximas medidas coercitivas. Porque nadie cuestiona las consecuencias letales de un coronavirus que pudo ser elaborado en laboratorios. Nadie debería en aras de la debida precaución. Cuestión aparte es el aprovechamiento patrañero de politicastros sin escrúpulos, cumplidores de planes oscuros pretextando crisis sanitaria para atacar el equilibrio sociopolítico.

 Para algunos las conspiraciones son cuentos del más aquí de gente que cree estar más allá; más allá en el espacio de la demencia o del desorden compulsivo. Se denosta ferozmente a la resistencia . La realidad es que existen motivos para la desconfianza del mismo modo que hay motivos para la observación. Cuantos pretenden prescindir de crítica, defendiendo la manipulación, son parásitos identificados a los que se les paga por intoxicar de manera influyente a la sociedad engañada. De esos se conoce el percal de desinformación goebbeliana que constituyen cadenas de televisión financiadas por el estafador Pedro Sánchez y la mafia gubernamental.

 Otros son los que desconfían con encomio,  participando a la sociedad sobre sus indagaciones, pero no se ha de cometer el error de dar por sabido aquello que todavía está por demostrar. Porque si es verdad que existe una intencionalidad en la destrucción de nuestras sociedades, nunca está de más la prudencia para preservar la propia seguridad y la salud.

 Esta batalla solo se ha iniciado y hay que salvaguardar fuerzas y argumentos que podrían ser cambiantes si es que de verdad hay una conspiración por ese Nuevo Orden Mundial del que seríamos permanentes víctimas. La masacre que tuvimos ayer puede regresar mañana para justificar la agenda y convertir a los conspiranoicos en conspiradores. En este mundo de Satanás todo es posible, y tiene la sartén por el mango; como demuestra que el psicópata Pedro Sánchez se haya marchado de vacaciones importando poco el genocidio que mató a nuestros padres.

En la calle se percibe una intranquilidad íntimamente unida a la incertidumbre. Se está denunciando un protocolo sanitario que recorta los derechos y libertades de la ciudadanía. Sabiendo del oscurantismo en la gestión de la pandemia, no está de más conocer testimonios como los de Pilar para que algún experto explique ciertas actitudes que chocan con la anterior normalidad de la libre circulación de las personas. En todo caso la nueva normalidad es un sinónimo de coacción, como así se explica en este vídeo adjunto:

Pilar aduce como complemento a este vídeo:

“Este video es de hoy 17 de agosto. Llevo desde el 12 de agosto metida en mi casa, preocupada por mi gente y por mí. No estoy en contra de los sanitarios pero una mala gestión de ellos me ha podido dejar sin trabajo. Solo he dado una información para ayudar a quien pudiera estar en mi situación.

Desde el primer día mucho antes del estado de alarma tomé mis precauciones por mi asma. He ido muchas veces al médico en plena pandemia y nunca tuvieron intención de hacerme la prueba. ¿Ahora por qué? Y por desgracia he tenido que ir varias veces al hospital a hacerme pruebas y solo he dicho lo que he visto, ni más ni menos. Ojala lo vea toda España  si con eso puedo ayudar a alguien en mi misma situación”.

Juzguen por sí mismos.

Lo conspiranoico en esta gran mentira que es el mundo se ha convertido en una necesidad inaplazable. Existe una conspiración de corrupción política más que una pandémica. Ese es el verdadero perjuicio del coronavirus que nos vemos obligados a denunciar sin exponernos sanitariamente, porque si ya sucedió una vez no es descartable que para seguir con la agenda de dominación nos vuelvan a confinar so pretexto de otro virus más letal. Al día de hoy todo es posible. Para estar o no conspiranoicos perdidos.

 

 Ignacio Fernández Candela

 

1 pensamiento sobre “Conspiranoicos de la pandemia o no

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