abril 11, 2021

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Para la cena familiar de la Navidad 2020, año de la pandemia, esperamos con ansiedad el discurso de Su Majestad el Rey Felipe VI, como Jefe del Estado, representativo, no ejecutivo, porque el Ejecutivo corresponde al Gobierno que ejerce el primer ministro llamado presidente del Gobierno en España. Que no debe confundirse una cosa con la otra. Un discurso que debe aclarar el papel de la Corona ante los ataques del socialcomunismo que gobierna. Es las escuelas no se enseñan las formas de gobierno, lástima.

Hemos visto, recientemente, en las elecciones a presidente de la república federal de los Estados Unidos de América que el pertenecer un presidente a un partido político crea odios en la población y no es ni ecuánime ni imparcial. Ya crea odios y la transición de poderes de presidentes, es un desastre. Una monarquía parlamentaria no crea odios porque no gobierna sino que nos representa. Que es lo que debe hacer un presidente de la república, representar a TODOS los ciudadanos. Representar y no gobernar. No debe acumular tanto poder como presidente y a la vez primer ministro que genera abuso de poder, como EE.UU, Francia o Italia. Esto trae sus consecuencias como ha pasado entre Trump y Biden, que se han matado a insultos y  acusaciones, nefastas siempre, que ha dividido todavía más la población y han creado odios incluso entre familiares, vecinos y grupos sociales de distintas razas y clase sociales. Polarizados entre demócratas (izquierda) y republicanos (derecha).

La Monarquía española como la del Reino Unido, Bélgica, Suecia, Noruega, Países Bajos… Por un lado son la representación y la mejor embajada de una nación, de un país por su tradición histórica y emparentamiento entre dinastías y familias. Quien, por el contrario,  es elegido cada 4, 5 ó 6 años se debe a su partido político. Un rey no, y por ello está en disposición de realizar esa función con verdadera ecuanimidad e imparcialidad. La Justicia emana del pueblo y se administra en nombre de Rey, representativo y constitucional. Solo los proletarios quieren república, porque desconocen las milenarias de un poder monárquico y envidiable porque quienes no lo tienen. ¿Quiénes son los proletarios? Los que no tienen  nada y solo hijos, deriva del latín (prole).  Las monarquías extrajeras actuales aglutinan  su poder en torno a un proyecto de modernización de construcción y la unión de la nacional. Además, ejerce una indudable función arbitral o moderadora que, en nuestro caso esta incluso recogida en la Constitución de 1978. Cierto es que en el gobierno actual de Pedro Sánchez, antimonárquico de tradición socialista radical, aglutinado por ciertos grupos independentistas y numerosos de tendencias estalinistas y marxistas,  errores de un pasado histórico, no real ni práctico hoy, es utópico lo de la igualdad, e hipotético de la fraternidad, imposible, no lo consiguió ni el mismo Jesucristo. La lucha de clases es del S.XIX y Max con El Capital, obsoleto, apenas un 1% de la población española es proletaria real.

Se elige en las urnas a las personas que nos van a administrar y gobernar. En cambio, el Rey no nos administra ni nos gobierna sino que nos representa. Y puede hacerlo precisamente porque aglutina en su persona el pasado, el presente y el futuro de la nación, gracias al útil principio hereditario de la monarquía, de la élite (más preparada) que tanto odia los comunistas, que no sería posible por elecciones democráticas, porque nos la cargamos, ya tuvimos la experiencia nefasta de la I y la II republicas en España. No caigamos en el mismo error otra vez. Ni caigamos en el juego político de ahora me pongo yo y después tú como actualmente Putin y Dmitri Medvédev en la Federación Rusa, porque ya no existe la Unión Soviética desde 1991.

Las izquierdas social-comunistas son los que tienen odio visceral a la monarquía, un odio de tripas en la liana del corazón rojo, desde la Revolución francesa de 1789 y rusa de 1917. Odio a las clases superiores. Por el tríptico: Libertad, igualdad y fraternidad, no son conceptos posibles en términos prácticos absolutos, ni actuales, ya que son ideas utópicas.  Si en el plano teórico, de iguales ante la ley todos podemos ser juzgado, sí pero diferentes en estatus sociales porque somos seres humanos y no podemos ser todos máquinas iguales, estampadas, no existiría la competitividad, tan necesaria ni los méritos por esfuerzo y rendimiento. Un esclavo griego o romano rendía muy poco. Respecto a las penas depende del abogado que te puedas pagar, lo cual es injusto, pero cierto. Cada familia ha de mejorar su estatus social con estudios, esfuerzos y trabajo. Porque  la realidad es que nadie hace nada por nadie. Tú te has de buscar las habichuelas, como dice el refrán popular. Lo demás son falacias y engaños, y retruécanos legales.

No odiemos a quienes piensen, sientan y experimenten distinto sentimientos políticos, cada cual tiene su razón de ser y estar, el odio anula los vínculos fraternos de hermandad entre las personas al priorizar la enemistad y el conflicto. El cristianismo es fraternidad, iglesia es comunidad, pero detrás hay mucha hipocresía y mercadeo, la esencia es Cristo y nada más. La hermandad entre nosotros y menos entre los pueblos no es posible todavía. Democracia es separación en grupos o partidos.  No existe la fraternidad. Los conflictos no pueden gestionarse de manera eficaz desde el odio y la confrontación de las urnas. Esto es una hipótesis por estudiar.

No nos carguemos la Monarquía como institución de representación parlamentaria interna y de representación exterior como país y gran nación que somos en el extranjero, es lo mejor que puede pasarnos a España. Otro asunto son las responsabilidades personales de los exmonarcas, que deben ser juzgados con arreglo a las leyes vigentes y no confundir con la institución de la Corona representativa. Si una monarquía no fuera hereditaria, desaparecería. No son obsoletas sino antiguas, que no es lo mismo. Mantener la monarquía española es barato, le que cuesta a España 8 millones anuales, a los italianos un presidente le cuesta 200 millones, a Alemania 40 millones y a Francia le cuenta 90 millones. Tenemos la mejor forma de Jefe de Estado representativo sin pertenecer a los determinados intereses de un partido político, y no lo apreciamos. Hemos de tener visión de futuro.

 

  • Opinión: Ramón Palmeral

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