ALICANTE: Las presas del psiquiátrico se quedan sin cachear

ALICANTE: Las presas del psiquiátrico se quedan sin cachear

ALICANTE: Las presas del psiquiátrico se quedan sin cachear

La dirección del centro no asigna funcionarias y los sindicatos temen autolesiones y agresiones.

Que la situación en el Psiquiátrico penitenciario de Alicante es tensa por la acuciante falta de recursos no es secreto. Sin embargo, en esta ocasión, la tesitura que se está viviendo no tiene nada que ver con la falta de funcionarios que tan ampliamente han denunciado los sindicatos en todas las prisiones en general. Lo de hoy habla de otra cosa; de un «inexplicable» reparto de los recursos aunque sería más correcto decir de su no utilización. Habría que empezar por ahí.

A grandes rasgos lo que está sucediendo, según insisten fuentes sindicales, es que no se pueden realizar cacheos nocturnos a las internas -todas ellas con graves problemas mentales- porque no se han destinado mujeres para vigilar el módulo por la noche. Y, destacan, hay al menos una veintena de trabajadoras de prisiones en el psiquiátrico que podrían realizar esta función sin ningún problema.

La normativa establece que el cacheo a mujeres únicamente lo pueden llevar a cabo trabajadoras. La situación se arrastra desde el pasado mes de marzo.

Se da la circunstancia de que en este área hay dos internas especialmente conflictivas, dada la patología que padecen. Una de ellas, indican las mismas fuentes, provoca salidas al hospital de manera sistemática y muchas de ellas son en horario nocturno. Pero, ¿qué implica esto en la práctica?

Esto se traduce en inseguridad para las presas y para el funcionamiento del módulo en general. Al no haber mujeres funcionarias, cuando una presa ha de salir por la noche al hospital o a cualquier otro sitio al regresar no se le puede cachear lo que, tal como reiteran las mismas fuentes, pone en peligro su integridad física.

«Pueden llevar consigo pinchos o cualquier objeto punzante como por ejemplo un cristal», detallan. Entre las consecuencias que la falta de funcionarias nocturnas puede acarrear destacan las autolesiones así como la «indefensión» para el resto de población reclusa y para los funcionarios.

«Este tipo de control es necesario pero ahora no se está haciendo», denuncian. Aseguran, asimismo, que la dirección del centro es «plenamente» conocedora de esta circunstancia.

Es la figura del subdirector de Seguridad la que más suspicacias levanta respecto a este asunto. Él es, apuntan, la persona encargada de asignar los servicios y distribuir al personal. «Sabe cuál es la situación pero no la reconduce».

Según denuncian las fuentes sindicales, el problema se trasladó al subdirector «pensando que se trataba de un error» pero, vuelven a insistir, comprobaron que era plenamente consciente de lo que estaba sucediendo. Desde los sindicatos recalcan que hay funcionarias de sobra para cubrir este servicio. Apuntan, asimismo, que hasta ahora la dirección del centro no les ha dado una respuesta.

No es la primera vez que el psiquiátrico penitenciario alicantino registra problemas. Hace dos meses y medio, copó la atención mediática después de que una funcionaria fuera objeto de una agresión sexual por parte de un interno. Ella estaba realizando el cierre de celdas de forma manual mientras todos los presos esperaban en las galerías a que llegase el turno de la suya cuando tras abrir una celda el interno que había dentro se abalanzó sobre ellas logrando acorralarla e «infringiéndole tocamientos indiscriminados en las nalgas con el propósito de obtener satisfacción sexual» y siguiendo, según sus propias palabras, a «su instinto».

La funcionaria, que en ese momento se encontraba sola, consiguió zafarse y encerrar de nuevo al interno.

El de Fontcalent es uno de los dos únicos psiquiátricos penitenciarios de España junto al de Sevilla con tan sólo dos funcionarios por módulo para más de 120 internos. En este momento, además, asume a todo un módulo sevillano que se cerró por reformas.

Es decir, los internos se trasladaron a la prisión alicantina con la saturación que eso implica y el perfil tan especial como es el de los destinatarios del psiquiátrico penitenciario.

Los sindicatos creen que en Fontcalent un 30% de las plazas de los funcionarios están vacantes, a lo que se le suma una elevada edad media de los trabajadores, superior a los 50 años. También se quejan de la escasa inversión en formación para ellos por parte del Ministerio del Interior.

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