ADIÓS ESPAÑA, ADIÓS

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El adiós a las libertades

El único comunista que conozco con carné del partido es un anciano de los que se aferran a la nostalgia de su lucha porque renunciar a ella sería como dejar atrás toda una vida de ideales. Es buena persona, pero cerrado; de esos con los que no se puede debatir porque sus ideales se reducen a lo aprendido pero no comprendido. Para él no existió Paracuellos, ni existieron las sacas, ni la persecución religiosa… Si acaso murió alguien fue porque algo haría: sería un facha… Y si era un facha, que muriera tenía un poco de justicia poética. Los curas caían antipáticos -en muchos casos con razón-; los señoritos más todavía, sobre todo si eran como los de ‘Los Santos inocentes’… Este señor (el comunista con carné) desconoce con toda seguridad la novela de Delibes, pero tiene la idea del señorito cabrón grabada a fuego; y por eso no le duelen prendas de que a algunos se los llevaran por delante. ¿Quien no sintió la justicia poética cuando colgaba el señorito de la soga? y no por matar a la Milana, sino por todo: la Milana era la gota que colmaba el vaso y al señorito no le lloró nadie, ni los suyos ni los otros, y no por señorito, sino por cabrón.

No es cosa de discutir con nadie que lo narrado en ‘Los Santos inocentes’ era una realidad en España; lo que no podemos hacer es considerar los hechos de hace cincuenta años con la mentalidad de ahora, ni pretender que sigue ocurriendo; sobre todo porque los señoritos de siempre ahora están asfixiados con las hipotecas, y los nuevos caciques, los que de verdad manejan la guita, son ahora los hijos de los que militaban en el partido comunista con carné o sin él, que de todo había. Han salido del campo para extender los dominios caciquiles hacia cargos a dedo, Ministerios, empresa y banca; y abusan del trabajador con tanta o más alegría que el señorito de antes. Lo de Echenique con su asistente es el pan nuestro de cada día, y mientras más nuevos ricos o más catetones sean los nuevos caciques, más ahogados tienen a los que trabajan para ellos. “Yo voto a Pedro; yo a Pedro… ” y paga 300 euros a una chica por deslomarse de lunes a viernes durante seis horas fregando paredes, que a su lado la Régula parece una reina. Pero vota a Pedro, no sea que vuelvan los fachas.

Son personas que se niegan a ver que llevan dentro al cabrón de la Milana. En psicología se llama ‘Proyección’ a depositar sobre otros las propias miserias, de modo que para no verse por dentro llaman Fachas al de enfrente; y encima van de comunistas, como Echenique: de ‘progres’, que a ver quién me explica por qué el progreso tiene que asociarse con la izquierda cuando es al revés.

Una de las muchas novelas que relatan el horror del comunismo, la absoluta pérdida de libertades y de posibilidad de progreso que trae consigo, es “El doctor Zhivago” de Boris Pasternak, llevada al cine por David Lean. Al principio de la película uno simpatiza con el pueblo que canta ‘La Internacional’ y después con la idea de la Revolución; pero luego van surgiendo los listos, el Partido, los comités, los subcomités, la eliminación de clases para extender la miseria a todos menos al Partido… Y terminamos por simpatizar con una buena persona como el doctor Zhivago viendo cómo el comunismo destroza su vida, su talento…que pasa por él, por encima de él, como una apisonadora.

El anciano con carné del antiguo partido Comunista del que hablaba antes rechaza Doctor Zhivago porque contraviene su dogma y hace pensar; dice que en Cuba y Venezuela la gente pasa hambre pero es feliz, aunque haya tantos cuya única esperanza de supervivencia sea tener que decir adiós a su país; y se alegra de que Podemos vaya a gobernar con Sánchez aunque los españoles hayan expresado en las urnas su deseo de que desaparezca. Se alegra porque está convencido de que sus ideales son los que tienen que imponerse, y punto… O peor aún, porque cree que no sabemos lo que nos conviene y por tanto tienen que venir los comunistas a dirigir nuestro pensamiento…

Para él eso no es fascismo… El fascismo es el otro, el del cabrón de la Milana. Es inútil decirle que con este Gobierno vamos hacia un desastre porque tenemos ideas diferentes de progreso… Pero el comunismo no trae más que miseria y crisis, y ambas cosas no hacen sino impedir el progreso. Europa se beneficiará de que nos endeudemos; los líderes se enriquecerán a costa de nuestro sudor y de nuestra sangre; la gente valiosa tendrá que decir adiós a su país para tener la oportunidad de un futuro… Y el anciano del carné lo sacará de su cartera para mirarlo con satisfacción, porque para él las cosas estarán como siempre ha querido que estén.

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