A MI PLIM

A MI PLIM

A MI PLIM

Hace ya muchos años, cuando la TV solo tenía un canal, un reducido horario y nada de color, se hizo famoso un slogan creado por una entonces famosa marca de colchones. El anuncio, o mejor dicho los anuncios en cuestión, retrataban a diversos personajes que tenían un punto en común: el que lo que ocurría a su alrededor les daba igual, situación que se resumía con ese “a mi plim” y que da título a este artículo y que atribuía dicha tranquilidad ante todo a dormir en el colchón de una determinada marca.

Viene esto a colación de haber recordado que la primera medida de Sánchez al llegar a la Moncloa fue el cambio de colchón según él mismo anunció en su momento. Si bien no trascendió la marca del mismo, mucho me temo que fue de la que, graciosamente, se anunciaba en aquellos ya antiguos spots, pues de no ser así, no es posible entender esa tranquilidad, ese pasotismo que Sánchez demuestra ante temas tan trascendentes como es el coronavirus que nos masacra, el presupuesto aún sin definir, los ERTES sin cobrar todavía al medio año de su anuncio o la actitud de algunos ministros que poco o nada hacen, actitud esta que en cualquier empresa privada, les habría valido un despido fulminante y que aquí, en esta empresa que pagamos nosotros y que se llama Gobierno, no merece ni un simple comentario por parte del CEO.

Ver el aumento de fallecimientos en agosto y a pesar de ello, a mi plim, irse de vacaciones, cosa que no han hecho el resto de mandatarios europeos, nos hace ver claramente el interés, la preocupación que nuestro narcisista presidente tiene por algo que no solo roba vidas y salud, sino que también está hundiendo nuestra economía de una manera tremenda, hasta el punto que tan solo en el sector hostelero se han perdido a la hora de escribir estas líneas más de 98.000 millones de euros, algo que en mi modesta opinión hubiera ameritado el que en vez de irse de vacaciones, se hubiera dado una turné por las cancillerías de nuestros principales clientes, con el fin de intentar establecer acuerdos que permitieran levantar las restricciones que en tema de viajes se han impuesto contra nuestro país y tal vez acompañado de ese ministro de consumo (que bien se da la palabra para el chiste fácil) que tampoco ha dado señales de vida ni sabemos a ciencia cierta que es lo que hace. Pero no, nuestro insigne presidente decidió que era mejor ligar bronce, tirar de Falcon, gastar lo indecible en mosquiteras y seguir aumentando el gasto de este infame gobierno que nos ha tocado.

Tan buen colchón también provoca otro “a mi plim” a la hora de traspasar las responsabilidades del aumento de la pandemia a las autonomías, a las que en el fondo también les ha pasado poco, pues recordando ese dicho de “cuidado con lo que deseas” y en este caso cambiando el desear por el pedir, les han dado lo que estaban pidiendo, sobre todo en el caso de Torra, que lo hacía de manera repetitiva y hasta agobiante y que ahora, demostrada una vez más su inutilidad manifiesta, le lleva a pedir ayuda al Gobierno, ante la magnitud de la crisis sanitaria en aquellas provincias.

De todas formas y volviendo al eje de este comentario, lo que no puede hacer un presidente de Gobierno que se llame responsable, es pasar de un estado de alarma en la que todo está dirigido por el Gobierno a delegarlo todo en 17 comunidades, con 17 maneras diferentes de ver las cosas y donde se aplican 17 maneras distintas de encarar el tema, mientras ese Simón al que ya nadie cree y que ya no sabemos que pinta en todo esto, una vez demostrada su incompetencia y  ese Salvador Illa, filosofo metido a ministro de sanidad para contentar al bailongo del PSE,  que no puede ni disimular en una rueda de prensa cada vez que le sueltan algo que se ve no estaba en el guion de su ideario propio. Así, entre estos 17 reyezuelos de taifas, parece que se haya dado el inicio a una competición en la que se trata de ver quien lo hace mejor y al tiempo, los que pertenecen al partido del gobierno, atacar a Madrid, que no deja de ser algo así como eso de “no ver la viga en el ojo propio y ver la paja en el ojo ajeno”. Mientras, Sánchez, conociendo como ya vamos conociendo el modus operandi de este personaje, imagino que la idea será el ir haciendo desaparecer el recuerdo de aquellas manifestaciones del 8M, la mortandad de abril y centrarse en lo mal que fue agosto, pero ya no por culpa del Gobierno, inocentes ellos, si no por culpa de los ciudadanos irresponsables y de las autonomías, algo como ya lo hizo en su día ese vicepresidente metido a folclórica cuando se descargó las culpas de la mortandad en las residencias de la tercera edad, al declarar que él había delegado la responsabilidad sobre las mismas, como veis Dios o el Diablo los cría y ellos se juntan, eso sí, aunque delegan responsabilidades, a final de mes que no les falte de la nómina ni un céntimo.

Y ahora y ante los presupuestos, nos encontramos con otro “a mi plim” cuando a escasas semanas de terminar el plazo para presentar los mismos, queda patente que por no tener no tiene siquiera un triste borrador que poder presentar  a aquellos a los que pide su apoyo, por ello y para empezar a echar culpas a los demás, se rodea de lo más granado de nuestra sociedad económica y les larga un pesado y soporífero discurso, en el que no presenta absolutamente nada, no dice nada que no supiéramos y se hace escoltar por un eslogan, imagino que obra de Rasputín Redondo, tan inútil y falso como su propia persona. Eso sí, al menos nos dimos el gusto de ver a ese vicepresidente al que le da miedo la palabra rata, sentado entre todos aquellos a los que tanto a vilipendiado y criticado. Por cierto, cuando se dará cuenta este tahúr de la política de que entre el smoking de los Goya y su habitual atuendo de camarero desaliñado, hay un término medio más que apropiado para el que ante todo ostenta el honor de ser uno de los vicepresidentes de España, aunque reconozco que con todo lo que tiene y le viene encima, su última preocupación ahora debe ser su atuendo, cuando ya solo le va quedando el “si buana” y la vaselina para seguir manteniendo el puesto y el sueldo.

Así que ya vemos, aquel mentiroso aspirante a presidente al que pactar con podemos le quitaría el sueño, se le solucionó todo con el cambio de colchón al entrar en la Moncloa, tanto que ahora duerme tan divinamente, tanto que… a mi plim.

 

©Fernando García, septiembre 2020.

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