3 tarjetas de película

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Ya se sabe lo importante que son las tarjetas para presentar un negocio o para invitar a una visita o evento, lo cual, normalmente, se asocia a ceremonias personales como las bodas, aunque su uso es mucho más común para eventos profesionales como ferias, presentaciones o conferencias.

Las tarjetas de invitación o de visita son esa primera impresión que tiene que ser aprovechada para ganarse a un cliente, a un socio o un proveedor interesante. Llamar la atención y singularizarse del resto de los competidores es el desafío de estos artefactos de papel o cartulina que ahora, gracias a Internet, pueden encargarse a imprentas digitales con una gran calidad y un magnífico precio.

El sétimo arte, que obviamente se alimenta de la imagen, lo sabe perfectamente. Por eso hay filmes en los que las tarjetas se usan para manifestar de manera icónica a sus personajes, ante la audiencia y ante los otros personajes. Además, nos enseñan sus posibles motivaciones, y es una de las maneras de decir al público con qué clase de persona nos vamos a enfrentar durante las dos horas que estemos sentados en la sala oscura de un cine.

En pocas películas esto es más obvio que en Al diablo con el diablo (2000). Este remake de la película de Stanley Donen del mismo título (1967), nos cuenta las andanzas del diablo, en esta ocasión una mujer, interpretada por la británica Elizabeth Hurley, la cual le ofrece una serie de tratos con trampa, no podía ser de otra manera tratándose del diablo, al protagonista, el grandullón Brendan Frazer, evidentemente a cambio de su alma. Cada pacto que se firma, el demonio lo enreda y lo retuerce para que resulte lo contrario de lo que el bueno de Brendan quería. Por ejemplo, cuando pide ser rico y poderoso, el diablo lo convierte en un narco colombiano. Lo destacable del diablo en esta película es que desde el principio se presenta con una tarjeta en la que solo aparecen dos únicas palabras THE DEVIL (EL DIABLO). Toda una declaración de intenciones: si alguien se engaña es porque quiere. Un poco como la vida misma.

Algo de autoengaño hay también en la siguiente película, Fight Club (El club de la lucha 1999). Un exitoso auditor de una compañía de seguros (Edward Norton) especializado en accidentes de coches empieza a padecer insomnio.

Después de seguir infructuosamente los consejos de su médico, descubre los grupos de autoayuda de su ciudad en los que la contemplación del dolor ajeno le procura unos minutos de redención que le permiten volver a dormir. Hasta que descubre que alguien más, una mujer (Helena Bonhan Carter), hace lo mismo y se empieza a sentir observado, con lo que desaparece el benéfico efecto somnífero de las sesiones.

De vuelta a su vida de insomnio descubre en un viaje en avión a un curioso personaje (Brad Pitt) que se dedica, o eso dice, a hacer y vender jabón al por mayor, y le da una tarjeta, con una dirección curiosa (Calle Papel, quizás su actividad sea sólo eso: un negocio sobre el papel) y un enigmático dibujo en el que se ve lo que parecen ser dos ángeles -o el mismo ángel y su reflejo- que se miran con atención y embeleso.

Cuando nuestro insomne protagonista pierde su apartamento de lujo en un incendio, recurre a dicha tarjeta para pedir ayuda a su excompañero de viaje, Tyler Durden, que le convence de que el camino a seguir no es la perfección, propia de su vida anterior, sino el de la autodestrucción, y crean un club donde las reglas son pelear a puño limpio hasta la extenuación sin otra motivación que la pelea en sí… Hemos evitado muchos spoilers para quien no la haya visto, pero no dejamos de hacer notar todo lo que la tarjeta de Tyler Durden refleja sobre su personaje (y el del protagonista) y sobre la historia. Esta es una tarjeta incita a ver la película, una verdadera tarjeta de invitación ¿verdad?

Volvemos a lo evidente, a la tarjeta como imagen especular del protagonista, como reflejo fiel de su personalidad. Después de todo, es lo que pedimos a una tarjeta de visita, que nos identifique de la manera en que nosotros nos vemos y en la que queremos ser vistos ¿no es cierto? En esta película, La red social (2010), se hace un relato basado en los comienzos el creador de Facebook Mark Zuckerberg, un genio de la programación y un desastre en su vida social en la que aliena a todo el que está su lado.

De hecho, su tarjeta es un resumen certero de la película y del protagonista: I’m CEO. Bitch (Soy el jefe, zo**a). Nadie en la vida real quiere ser contemplado de esa manera, pero la película revela el poder que tiene una tarjeta (solo que en forma de negativo fotográfico).

El cine en estos ejemplos no hace otra cosa de poner de relieve la fuerza de la tarjeta. Por eso es algo que hay que cuidar cuando se tiene un negocio, porque es la mejor puerta de entrada de nuestros potenciales clientes a nuestra empresa.

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